Mikel Landa los tiene cuadrados

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A Mikel Landa lo tomas o lo dejas. Es así, no hay vuelta de hoja. Es un ciclista transparente, soplo de aire fresco. Un poco como Purito, pero menos diplomático incluso. Dice las cosas como las piensa. Por suerte en la carretera parece medirse un poco más. Sobre la bicicleta es frío, contemplativo, aunque cuando se desata, que tiemblen.

El alavés lleva tiempo con pie y medio fuera de Astana y lo que pasó en la megaetapa andorrana es otro clavo en el ataúd de su relación con el equipo turquesa. Desde el principio de los principios, en el mismo momento que cogió la fuga buena estaba claro que la suya era una carrera completamente al margen de los intereses de su equipo.

Lo vimos en diversos pasajes, dantescos algunos de ellos, cuando él tiraba o intentaba irse solo por delante y sus compañeros desnudaban las carencias de Froome llevando el ritmo por detrás. Poco antes de cruzar la meta, a unos 300 metros más o menos, hizo el gesto de devolver el pinganillo a su oreja. Seguramente no quiso oír lo que Martinelli tenía que decirle mientras Fabio Aru se dejaba la esencia para descabalgar sus rivales en la lucha por la general.

A Landa se le instó a parar varias veces, incluso se le prometió que si Aru llegaba con él, la etapa sería para el vasco, pero como el nivel de confianza mutuo es el que es, Landa consideró que esperar al italiano era del género estúpido y omitió las órdenes. Grande. En el ciclismo monolítico actual, tomarse tal nivel de libertad significa una personalidad pero que muy fuerte.

Permitidme recuperar varios tweets que lancé en el transcurso de la etapa de ayer.

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Astana, lo hemos dicho muchas veces, es un auténtico caos. Sin embargo, en medio de esa nebulosa creo que Martinelli y los suyos ya hicieron su apuesta hace tiempo, y cuando la situación se les vuelve en contra, siguen siendo fieles a ese objetivo que no es otro que aupar lo más arriba posible a Fabio Aru, el auténtico líder del equipo, incluso por encima de Vincenzo Nibali quien bramó amargamente cuando vio que en la etapa que acabaría siendo expulsado le dejaron a merced de los elementos por proteger al joven sardo.

Y Landa, consciente de ello, dijo que no esperaba al nuevo líder de la Vuelta, por mucho que le rogaran. Porque en el fondo, sabía que, incluso con la promesa en firme de triunfo de etapa, las tornas podrían girarse a favor de su compañero como bien pasó en el Giro de Italia en el que la obcecación por Aru acabó beneficiando a Contador.

Ahora para Landa llega el trance  de ayudar a Aru, plato que no será de su gusto pero que procede a la vista de cómo va la carrera. Luego, una vez lleguemos a Madrid, Dios dirá.

Imagen tomada de FB de la Vuelta

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