Las nuevas miras de Tom Dumolin y Tony Martin

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En la historia del ciclismo que hemos vivido, la que viene desde hace unos 25 años hasta nuestros días, hemos tenido varios ejemplos de ciclistas que a lo largo de su carrera deportiva han sabido variar, sabiamente, sus características para adaptarse a lo que el guión exigía. Johan Museeuw, Laurent Jalabert y Tom Boonen son posiblemente tres de los mejores ejemplos de lo que decimos. Los tres nacieron, “ciclísticamente” hablando, como grandes velocistas, pero el paso de los años les llevó por otro derroteros, disputando principalmente clásicas e incluso en el caso de Jalabert, cronos y la general de grandes vueltas.

Los tiempos que vivimos no son buenos ni para los velocistas ni tampoco para los especialistas en la lucha contra el crono. Vemos por ejemplo dos ciclistas que nos encandilan y que demuestran tener la cintura de los anteriormente mencionados para intentar cosas nuevas, cosas que hasta hace un año posiblemente ni se hubieran planteado.

Tom Dumolin por ejemplo. Se trata de un ciclista excelso en la lucha individual, un ciclista que se hace redondo con su máquina al punto de parecer toda vez se monta en ella. Su característica de buen contrarrelojista le impide sin embargo tener grandes proyectos. Lo vio en el último Tour, cuando centró el tiro y erró en el prólogo del Tour, un prólogo que se disputó por su tierra, en Utrech. Sin embargo, la decepción del Tour le abrió las puertas de la Vuelta a España, a donde llegó en plena forma y con un recorrido que, contrariamente a lo que podríamos pensar, le iba perfecto.
Subidas cortas y explosivas, etapas de gran fondo en la ultima semana, sólo acabó cediendo en la jornada de la sierra madrileña porque Astana se empleó a fondo para lograrlo. A pesar de descolgarse del podio, Dumolin vio que sólo las cronos se le quedaban pequeñas y ahora quiere disputarle el Giro a Valverde, Landa y Nibali.

Igual que Dumolin, tenemos a otro gran croner, Tony Martin, un galgo alemán que va como los dioses en la lucha contra el reloj y que ahora ansía otros escenarios, naturales sobre el papel, pero que quizá no se había planteado nunca como hasta la fecha.

Ante la importante concurrencia que se da en las cronos, Martin dice que un día le gustaría ganar en Roubaix, y no va desencaminado, pues en el último Tour logró imponerse en la ciudad que dio nombre a un tratado, Cambrai, toda vez se habían salvado varios tramos de adoquín. El problema de Martin es la férrea jerarquía de su equipo, si bien éste los galones se los gana con hechos y no con Lefevere señalando desde el coche.

Ambos no obstante estarán en los Juegos para suceder a Wiggins, porque en este 2016 que se abre ante nosotros cual melón, todos los caminos llevan a Río.

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