Momentos “Euskaltel-Euskadi”

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Cosas del World Tour, en Pequín, el ombligo de la globalización y del mundo redondo Euskatel- Euskadi, una empresa telefónica cuyo público objetivo radica en una región concreta al otro lado del planeta, se despegó sus últimos dorsales. Dicen que el día fue como otro cualquiera, con algún poso de nostalgia, pero poco más. Los ciclistas, hombres duros de espíritu, huesudos de perfil, no quieren algarabías. Se adivina un futuro complicado para muchos de ellos, salvo los que no hayan firmado o tengan perspectiva de hacerlo con algún otro equipo. Ya se sabe cómo funciona esto, los equipos van cerrando plantillas, se confeccionan calendarios y las puertas abiertas son cada vez menos.

El repaso numérico y nominal que Ciclo 21 ha realizado de la historia de Euskaltel ha despertado en el subconsciente momentos con el sello naranja que siempre llevaremos en el recuerdo. Dos lugares, Azpeitia y Getxo, dos corredores, Agustín Sagasti y Juanjo Lobato, comprenden la historia de pasajes de gloria de este equipo que siendo pequeño, artesanal, local y arraigado se codeó con los mejores.

Retazos desordenados, puntos de inflexión que abrieron la puerta de los registros singulares para tamaño grupo. Como no esa etapa húmeda de abril en la Vuelta al País Vasco de 1994 que ganó Sagastí, un corredor que acabó por quitarse la vida y que se guarda en la psique colectiva como el pionero. 18 años después en una lluviosa semana en Euskadi Samuel Sánchez lograría frente a Purito la general de la carrera de la tierra, por esa que los naranjas suspiraron tantos años y que harían suya un año antes de desaparecer.

Obviamente, Samuel es la pieza angular del equipo y su historia. Hubo un momento que le marcó para siempre, y no sé si para bien o mal, porque visto en perspectiva te cuelgan un cartel que sea posiblemente merecido aunque pise el terreno de la leyenda. Sí, me refiero a aquel descenso de Cuenca, donde Samu hizo un retrato de cuán grande debe ser el riesgo si se quiere lograr algo grande. Era la Vuelta a España de 2006 y aquello casi le dio el título de mejor bajador del mundo. El ovetense es un grande de este arte, pero aquello rozó la leyenda.

Otro que abrió caminos fue Roberto Laiseka. Una tarde de julio, en el sofocante 2001, en medio de una marea naranja atacó a fondo desde el grupo que capitaneaban Lance Armstrong y Jan Ullrich. Era en Luz Ardiden, era en los Pirineos, el mismo escenario que le vio pasar el umbral del triunfo en la Vuelta a España, la misma cordillera donde Iban Mayo y Haimar Zubeldia fueron los únicos en todo el mundo en coronar el Tourmalet con Ullrich y Armstrong. No ahondaremos en las taticas que Julián Gorospe impartió esa tarde desde el coche.

Iban Mayo, a pesar de su triste epílogo, es otro de los grandes en esta línea. Ganador en Alpe d´ Huez, poseedor de la ascensión más veloz al Ventoux,… entristece no saber nada de él, adivinarlo al margen de la vida pública del ciclismo, un ejemplo más de cómo se las gasta este deporte, el deporte en general.

Sin embargo el momento cumbre comprende un fin de semana en Italia, hace dos años, en los increíbles Dolomitas, primero, un sábado en el Zoncolan con el intermitente Igor Antón, al día siguiente,  domingo, en Gardecchia mediante Mikel Nieve, en una de las etapa más duras que jamás he presenciado. El Giro tardó en abrir su “hall of fame” a Euskaltel y sin embargo le dio su última muesca en las más grandes, la de Ion Izaguirre, soberbio en Falzes.

Se cierra un episodio, de casi veinte años. Todo tiene un inicio y final, Euskaltel dejó de latir para el ciclismo, no conviene hacer un drama, hubo ciclismo antes de que Madariaga capitaneara esto, y lo habrá el año que viene. Esperemos tiempos mejores, eso es todo.

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