Momentos que sólo un monumento puede regalar

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Dice Freire en el último Quality Sport: “El Tour es una de las carreras más aburridas. En las carreras de un día se da todo, no hay miedo a nada. En España las mejores carreras nos las perdemos””.

Flandes fue suyo
El encanto de las grandes clásicas, su esencia, se halla en que, como los partidos a una ronda, no hay opción de enmienda. Aquí las cartas se juegan a una mano, no hay vuelta atrás, ni posibilidad de rectificar como bien describe nuestro tricampeón del mundo.
Mañana la Milán- San Remo abrirá la puerta al núcleo duro de la temporada de clásicas. Una vez marzo se ha despachado con citas atractivas pero menores a tenor de lo que nos queda, el grano de la paja quedará cribado en próximas fechas. Seis semanas entre la Liguria y Valonia, entre San Remo y Valonia, en la Europa de las regiones que centrará las miradas del universo sobre ruedas. 
Si la suerte nos acompaña volveremos a fliparlo como lo hicimos hace menos de un año en Flandes con esa extraordinaria cabalgada de Cancellara y el postrero triunfo de Nuyens en un día que siempre recordaré por lo injusto que el resultado fue con Sylvain Chavanel. Esperemos  esa intensidad nos acompañe nuevamente.
Aquí hemos querido recuperar cuatro momentos contemporáneos que también nos pusieron contra el sofá. Cuatro momentos que como ese mediodía de hace un año nos destaparon el auténtico perfil irrepetible de estas carreras :
·         Lieja-Bastogne- Lieja de 1997: Michele Bartoli mano a mano contra Alex Zulle y Laurent Jalabert y encima victorioso en un inolvidable duelo uno contra dos entre La Redoute y la llegada a Ans.
·         Milán- San Remo de 1992: Como siempre el Poggio sale uno con ventaja, en este caso Moreno Argentin, y como siempre en el descenso hay sobresaltos. Sean Kelly burla la muerte entre los invernaderos de San Remo para cazar al italiano y superarle en un final increíble.
·         París-Roubaix de 2009: desde la salida de Arenberg Tom Boonen ejerce te capitán de ruta. Cuando el grupo bueno toma forma en Mons-en- Pévèle todos acaban cayendo, literalmente, ante el fino surcar del belga hacia su tercer adoquín en Roubaix.
·         Tour de Flandes de 2000: pasados los mejores filtros de la grande flamenca, el llano que separa el Bosberg de meta es territorio hábil para que el aguerrido ciclista moldavo primero y belga a posteriori, Andrei Tchimil, echara un pulso en solitario al grupo manteniendo una exigua ventaja hasta cruzado el umbral.
Os invitamos a revisar vuestro imaginario y plasmar esos momentos que os aficionaron a estas carreras llamadas monumentos.

Tenéis arriba a la izquierda una nueva encuesta en este tiempo de clásicas: ¿Cuál es tu clásica de primavera favorita?

2 COMENTARIOS

  1. La victoria de Johan Musseuw (en la que un jovencisimo Boonen hizo podio) que les dio un repaso de impresion y en el velodromo de Rouboux en solitario cruzo la meta con la pierna fuera del pedal (que estuvo a punto de perder por una caida en otra edicion).

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