Con Moncho Moliner se fue el último romántico

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Sinceramente, no tenía idea alguna de quién fue, ni qué hizo Moncho Moliner. Entiendo que a algunos os parecerá inconcebible, pero uno tiene la edad que tiene y hay épocas que se nos escurren. Por eso, ni corto ni perezoso, quise saber más sobre esta persona que nos dejó hace unos días y sobre la cual el mundo del ciclismo, la plana mayor, no ha omitido elogios.

Y llamé a Perico, que pasó por sus manos hace ya cuarenta años y me contó cosas, algunas realmente interesantes: “No recuerdo cuándo fue o cómo supe exactamente de Moncho Moliner. Sí que recuerdo un campeonato provincial en Segovia. Corría el mes de octubre de 1975. Estaba en categoría junior, mis primeros años de ciclista. Recuerdo que vino el equipo de Moliner, muy temido por todos esos años, y que atacaban de forma tan coordinada que acabaron por reventarme. Con el tiempo supe que el entonces profesional segoviano del Kas, Carlos Melero, le habló de mí a Moncho. Éste se acercó a verme competir y me fichó al momento. Entré así en el Moliner, su equipo, el equipo con fama que iba más allá de Castilla, de él sabían en Asturias, Cantabria y Galicia”.

Aquel equipo era temido más allá de la vieja Castilla, para Moncho existía una táctica sobre las otras: “Atacar de salida, no había otra. Recuerdo que le decía que corriendo así entendía porque cuando era juvenil siempre llegaba apajarado a meta” me explica el segoviano.

Siempre había estado vinculado a categoría inferiores, principalmente juvenil –prosigue-. Pero su equipo creció y recibió ofertas de montar algo grande, algo que llegara a profesionales al calor de boom de equipos que se vivía en España. Y así montó el Moliner de pros, una estructura que también tenía equipo cadete, junior y amateur”.

Pero aquella inversión fue muy fuerte para un empresario de su tamaño y acabó literalmente arruinado. Sí, arruinado por el ciclismo ¿puede haber algo más romántico? Tuvo que trabajar de operario en una gasolinera, dicho sea con todo los respetos por su nueva situación económica.

Siempre soltero y un poco desorganizado, su pasión era la buena mesa y el ciclismo Un “bon vivant” ciclista. Le gustaba el cante jondo. “¿Cuántas veces nos quitó las cintas de Leds Zeppelin o Pink Floyd por las suyas cuando íbamos en el coche?” me cuenta Perico con una sonrisa de cortina.

Con los años vemos que pasaron por sus manos el propio Javier Mínguez, Angel Arroyo, Faustino Rupérez, Lale Cubino, Santi Blanco,… incluso “un ciclista muy malo” llamado Manolo Saiz, durante esos treinta años que estuvo tuvo lo mejor de Castilla en sus manos y nos enseñó el oficio. Hace unos años Perico le homenajeó en su marcha. Hoy todos, los que supieron y no supimos de él, le decimos adiós.

DEP maestro.

Imagen tomada de www.pedrodelgado.com/

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