Muchos novios para la carrera más bonita del año

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La coronación del campeón del mundo es el ceremonial más lacrimógeno del ciclismo. Responde a la más genuina lucha entre nacionalidades, en un momento además singular para el ciclismo que, atosigado por la crisis, deja aparcadas por siete horas las marcas comerciales. Es como volver al origen. A los Tours corridos por banderas y no emblemas. Y eso ocurre en un recorrido multicolor de banderas y enseñas patrias, en pelotones que son crisoles de mil escudos, en carreteras donde las pintadas son tan densas que el asfalto es anécdota. Sí, es el mundial.

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Si a todo ello le aliñamos que estamos en Italia, en la Toscana nada menos, tendremos de resultado una carrera de las de entre un millón. Porque Italia es el paraíso de los recovecos, los ángulos y la trampa. Es el país hecho para albergar ciclismo, en el fluir de un pelotón por calles sin aceras en medio de gritos ensordecedores por donde estremece pensar que un pelotón de 200 tipos encendidos puede hallar camino para pasar. Italia es, sin rubor a equivocarme, el país que más veces ha acogido un mundial, y no hablo tan sólo de carretera, miremos BTT, BMX, maratón, trial,… salvo en pista, es el ombligo de ciclismo mundial.

Pero es que además pocas veces llegan los Mundiales con tantos aspirantes a conquistarlos. Me preguntaban el otro día, me decían que me mojara y rara vez identifico tantos ciclistas dotados de la virtud del arco iris, si bien, como haría el mismísimo Fabian Cancellara, casi todos ellos presentan una emergencia que les hace acreedores de debilidad.

Y empezando por el propio Cancellara diremos que no es la primera vez que su estado de forma impresiona y que no es la primera vez que cercado y vigilado, acabó diluido en el pelotón. Y es que la baza del de Berna es tan evidente que quizá en Suiza emerja el segundo hombre, y cuando éste se llama Michael Albasini, certerísimo en estos terrenos, entendemos que quizá la obsesión por Fabian quede injustificada.

Porque el alter ego de Cancellara, Peter Sagan es también objeto de deseo de la mayoría. Solo, sin una selección que le haga el papel del Cannondale, Sagan va a tener que afirmar mucho y camuflarse muy bien para ganar. Su reto es mayúsculo y sus bondades grandes, pues demuestra adaptarse a las circunstancias pero no le será sencillo.

En estas que España como bloque presenta el mejor peso específico si bien me temo que no sea suficiente. Adueñarse de la carrera te da un premio moral pero no real. El año pasado fue tremendo el trabajo de la selección hasta que llegó Philippe Gilbert y lo reventó todo. Es ahí donde cabe una mente preclara y donde Alejandro Valverde, siempre llamando a la puerta, nunca ha cruzado el umbral. Queremos el quinto podio mundialista del murciano, pero lo queremos desde el máximo escalón, otro resultado no le vale, y posiblemente lo mismo para Purito.

Y hablando de mentes preclaras nos vamos a corredores que golpean una vez pero es para ganar. Ese listado no es amplio, pero infunde respeto. Sí, nos referimos a Rui Costa y al mentado Gilbert. Ambos no necesitan suerte para ganar, ni suerte ni que la carrera enloquezca de lejos, como sí querrían Vincenzo Nibali, Chris Froome, Nairo Quintana, Rigoberto Uran o Richie Porte, la estirpe de fondistas que amaga por llevarse el arco iris.

Y si me permiten , pongo dos nombres que no están delante en las quinielas pero que veo en el podio. Uno ya ha estado, Eduald Boasson Hagen, es una carrera que quien la hizo lo tuvo en mente, y llega con un hambre atroz, el otro Zdenek Stybar, como buen ciclocrossman, hábil, ratonero y oportunista. Los virajes de Fiesole le van, la violencia de Salvati más. Dudo mucho que no esté delante.

Foto tomada de www.record.com.mx

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