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Navacerrada y más allá, la Bola del Mundo

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Navacerrada y más allá, la Bola del Mundo

Así nos sentiremos, como Tintín aterrizando en la Luna, cuando alcancemos esta impresionante cima llamada la Bola del Mundo y nos fotografiemos junto a su “cohete”, reeditando la famosa portada del libro de Hergé, el viejo repetidor instalado en lo más alto, nada menos que a 2257 metros de altitud, y que en su día Ezequiel Mosquera la tildara de escenario irreal, sacada de un cuento como “El Señor de los Anillos”.

Quién mejor que el propio Ezequiel para hablarnos con propiedad de esta terrorífica ascensión, cuando en septiembre de 2010 inscribiera su nombre como ganador en este muro de hormigón de 3,4 kilómetros, convirtiendo en épica su escalada y mítica su dureza, su altitud y sus vistas, haciendo realidad el sueño que un día tuvo Enrique Franco de llevar la Vuelta hasta lo más alto de la Sierra de Guadarrama, tan cerca y tan lejos que parece de Madrid.

Aquel día, aquella etapa, causó pánico entre los ciclistas pero mucha satisfacción entre los aficionados. El recordado Enrique no lo pudo lograr pero sí Javier Guillén que, de su mano, colocó esta subida en primera plana del ciclismo internacional profesional.

En el recuerdo, el ataque del ciclista de Teo (A Coruña) que a sus 34 años fue decidido a por la Vuelta, un poco antes de coronar Navacerrada, escalando esta pared con rampas de hasta el 20% a base de chepazos, mientras Nibali, por detrás, lo controlaba de cerca para no perder su maillot rojo. Ezequiel, entre la niebla, tocó meta sufriendo como nunca pero “disfrutando” entre tanta gente. Por temas injustificados, y que ahora no vienen al caso, aquella fecha y sin saberlo fue su último día de competición y lo hizo ganando aquí.

Para nosotros, los cicloturistas, el reto vertical lo tenemos ahí, justo al llegar a la estación de esquí, entre remontes y telesillas a 1860 metros, coronando antes, no olvidarlo, el puerto de Navacerrada, paso natural entre los montes de Siete Picos (2138 m) y esta Bola del Mundo (2262 m), uno de las más transitados por los pelotones tanto cicloturistas como los de la Vuelta Ciclista a España, el sitio en cuya niebla Perico voló.

Escalado por primera vez en la ronda española del 41, nada más y nada menos, con victoria en su cima para Fermín Trueba, podréis seguir esta gesta, y otras mucho más, ascendiendo por cualquiera de sus dos vertientes, ambas de pendientes muy regulares y con un asfalto en muy buen estado. Si lo hacemos por su lado segoviano, conocido como “las siete revueltas”, lo haremos rodeados por un frondoso bosque.

Puerto divisorio de las dos Castillas, representa todo un auténtico pulmón natural para Madrid, que a pesar de su cercanía aún podemos encontrar espacios donde parar y escuchar el silencio, lugares donde contemplaremos extensas y bellas panorámicas, rincones frondosos de hayedos, y con la aparición ante nuestros ojos de neveros y lagunas de origen glaciar, mientras vamos discurriendo con nuestras bicicletas a la búsqueda de estos cobijos escondidos en esta Sierra cuya silueta tantas veces pintó Velázquez en sus cuadros, una de las cordilleras más viejas de España de cimas redondeadas y escarpadas pendientes.

Por Jordi Escrihuela

Imagen tomada de Wikiloc

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