Nibali liberado

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Hay ciclistas que gustan de libertad, versos sueltos, cana al aire. Correr por gusto, a sensaciones, sin maquinitas ni chichibaches ratos. ¿Watios? ¿consumo de oxigeno? Ja, todo eso está bien, para un ciclismo desarraigado, sin corazón, carente de espíritu, ajeno a la esencia.

Cabría probar caminos nuevos, fórmulas inexploradas en este fetiche de la ciencia y matemática que se ha convertido nuestro ciclismo, el contemporáneo, el mecánico, subyugado a la tecnología y las ganancias marginales. Queremos alma, diablos, caimanes y caníbales, queremos al Vincenzo Nibali de hasta hace dos años y pico, el Nibali de Lombardía, el corredor que no desprecia la ciencia, porque es imposible hacerlo sin pagar la factura, pero sí la arrincona o al menos la deja en el cajón cuando, cruzado ese umbral del dolor y lo desconocido, sólo queda el hombre contra el hombre.

Nibali siempre nos ha despertado gran admiración, obviamente no por sus labores de tras cochecuando no agarrado a él-, eso son cosas que preferimos omitir, o al menos arrinconar, como él la ciencia. Queremos quedarnos con el trazo grueso de un ciclista que muerde como el tiburón que siempre ha sido y que hasta que centró el tiro en el Tour se había mostrado.

El corredor de los imposibles, que sabiéndose inferior a Horner le atacó hasta la saciedad en el Angliru, del ciclista que ganó un Giro en la cortina nevada de Ampezzo, que volteó una Tirreno en la que Chris Froome dominaba a placer porque sencillamente nunca se rindió.

Y ese Nibali, lo anuncia él, ha vuelto. No sé si fruto de la especulación que se impone con un nuevo contrato o con el traspaso de equipo, no sé si por mor de verse atado de pies y manos por el maldito Tour que tantas buenas carreras ha hipotecado o no sé si por darle en los morros a su boss el kazajo, y nada sospechoso, Vinokourov.

Nibali ha ganado la moribunda vuelta a Omán delante de un buen número de ciclistas de caché. Ganó en la etapa reina, pero aguantó la sensación de este inicio de campaña que está siendo EBH y eso ya son palabras mayores para tratarse de febrero y estando tan frío estos últimos años.

Tiene el Giro en el punto de mira. Lo ganó hace tres años cuando todos miraban a Wiggins hasta que los dinamiteros italianos le pusieron una trampa en cada viraje. Y entre esos dinamiteros estuvo Vincenzo, el hombre que no entiende de paz o tregua en competición. Nos alegramos de verle de nuevo en el redil, unas clásicas con él serán más clásicas, un Giro con él será mejor Giro y unos Juegos con él, serán el acabose. Vai Vincenzo.

Imagen tomada del FB del Giro de Italia

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