Nibali: su gesto, sus consecuencias y su futuro

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La Vuelta sigue por su paraíso andaluz, donde cada año que pasa se siente más cómoda entre multitudes que la jalean y algún gracioso que simula robar una bicicleta. Y sigue sin pestañear, ni mirar atrás… NIbali es historia, triste, inoportuna y fugaz historia.

Pero la vida sigue para el llamado tiburón que hace un año saboreaba su Tour entre sobresaltos en forma de positivos de compañeros. Nibali quiere correr cuanto antes, este fin de semanas se proponía estar en Plouay, en la otra punta de España, en la antagonismo geográfico de Andalucía, queriendo pasar página y diciendo algo muy cierto: “No he matado a nadie”. Hasta ha tenido que cerrar su twitter por la cantidad de insultos vertidos.

Su intención de estar en la carrera francesa, no obstante, demuestra que algunos no se leen o al menos no están enterados del reglamento. La UCI dice explícitamente que un ciclista expulsado de una carrera no puede tomar parte en otra, hasta que la primera no acabe. O Nibali no sabe del reglamento, o no se lo lee, o quizá pensaba que agarrarse a un coche no estaba penado.

Sin embargo, y aunque Nibali no ha matado a nadie, su gesto creo que ha sido un flaquísimo favor al deporte que le emplea. Lo dijimos en caliente y pasadas unas horas. Su gesto tiene mucho de entrelíneas, mucho de sibilino,… El ciclismo está atosigado por mil sospechas, por mil historias raras, algunas gestadas a conciencia desde sus propios actores, otras sobrevenidas por el sambenito de “deporte mugriento”.

Y en estas que Nibali, uno de los faros de este deporte, un deportista autoproclamado limpísimo el día que ganó el Tour en un equipo que destila pestilencia a cada paso, se agarra a un coche con luz y taquígrafos y ofrece una remontada antológica toda vez iba descolgado del pelotón por obra y gracia de la lotería de las caídas.

El gesto de Nibali es feo, pero como dijimos en su momento, y se ha reiterado en otros foros, la acción del de Messina indica impunidad y conchaveo con sus compañeros de profesión que le vieron desaparecer al abrigo de su coche de equipo. Como muchos me han dicho, si eso se hace a la luz del día, qué no se hará con nocturnidad.

Nos sabe mal por eso que el moreno italiano sea protagonista de esta sórdida historia, porque es un ciclista por el que hemos profesado admiración muchas veces. Nos gusta su forma de correr, sus forma de plantear las carreras, de moverse, no da nada por perdido y voltea la situación cuando menos lo imaginas. Entrega lo que tiene y no escatima. Es un ciclista mayúsculo que ha salido de la Vuelta sin honor, o con el que le queda manchado, algo que no merece su nombre.

Nos gusta tanto Nibali que le consideramos sin rubor uno de los ciclistas más inteligentes del peloton, si no el que más. Consciente de que en el Tour ha podido tocar techo, planea Giro y Vuelta para el año que viene. Sabe mejor que nadie de sus limitaciones y de sus compañeros de generación -Froome, Contador y los que han de venir-. Por todo ello, nos parece más inadmisible la acción de la primera etapa de la Vuelta, esa que según él es “moneda común”, pero que nadie denuncia con pelos y señales.

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