La infancia secuestrada de los niños ciclistas

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Un niño practicando BTT

Hace unos años escribí este post que recuperado por estas fechas anualmente sigue significándose como un foco de debate y controversia. Es sobre los niños ciclistas.

En lo que algunos, pocos por cierto, ven amarillismo y ganas de malmeter de un servidor, yo veo una triste realidad, que no es otra que el secuestro que algunos padres hacen de la infancia de sus hijos, de sus niños ciclistas. Un secuestro que, como digo, no es consciente en una amplia mayoría de casos, pero que a la larga se erige como paisaje común.

Queremos que nuestro hijo sea el más alto, el más guapo, el más fuerte y el más rápido. Y lo queremos ya, desde la vara de medir de nuestra realidad, la de un adulto en plenas facultades, sin tener presente que el cuerpo humano es algo que madura y crece con los años, que necesita su poso y seguir los plazos que la vida le dé, sin presión…

Porque por ejemplo en el post que os comentaba antes, me apenaba ver a críos que tenían por normal, por ejemplo, tomar un ibuprofeno antes de competir, una práctica que estará más o menos extendida, pero que en la mayoría de casos está alentada por los propios padres. Sé que el ibuprofeno en cuestión es algo inhocuo si nos ponemos a pensar, pero qué costumbre se infiere en el chaval, qué mensaje se le traslada, qué valores se le inculcan.
Como dije una vez, sin los padres el ciclismo no existiría, pero con ellos está en peligro.

Creo que todo muy alejado a lo conveniente, porque en el fondo se secuestra la inocencia de la edad y la ilusión del momento. Un crío tiene que salir a correr y disfrutar, con ánimo de aprender, conocer gente y saber de lugares que igual, cuando tenga mayoría de edad, le apetecerá volver a visitar.

Me apena ese detalle, como otros muchos, como las instrucciones ajenas al técnico, como las charlitas en el desayuno, como la obsesión por el material, tener lo último y lo mejor a tu disposición. Mirad con qué cafetera empezó Israel Núñez y todo lo que logró después.

Todo eso me apena, como cuando veo a padres en el fútbol diciéndole a sus hijos de diez años que pierdan tiempo en el saque de banda si van ganando o que no le entreguen la pelota al rival en una falta o que haga una falta táctica… pero que estamos en la Champions.

Todo eso sí que es paisaje de nuestro ciclismo de base, y como veis del deporte de base. Los críos corren, compiten, se ilusionan y cuando acaba el tinglado seguirán como si tal cosa, muchos padres no, ven en su hijo un Mikel Landa como Miguel Angel veía un Moisés en un trozo de mármol.

Hablando de Landa, mirad lo que nos dijo el otro día Unai Yus, tenía don, tenía clase, pero no fue el dominador de la categoría, porque su proceso fue lento y la maduración tardó, pero llegó. No sé qué recuerdos tendrán Landa e Izagirre de sus infancias como ciclistas, pero han llegado a puerto.

Dicen que las bicicletas son para el verano, no creo que hoy sea así, pero hubo una época que sí lo fueron, al menos para mis veranos, veranos de libertad, de aire y montaña por entre los montes de León hacia Asturias.

Si el crío quiere crecer sin más montado en una bicicleta, ya le llegará el momento de saber si vale para esto, entretanto que sea eso, un crío en la bicicleta.

Imagen tomada de DeporPress

INFO

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