No es deporte para hipocondriacos

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No está el ciclismo calmado últimamente. Es curioso, nada tiene que ver ahora con el dopaje, son cuestiones de seguridad las que quitan el sueño. Hemos visto titulado este lunes en varios digitales de esos que nunca hablan de ciclismo algo así como “el fin de semana negro del ciclismo belga”. Lo fue desde luego, dos vidas segadas, dos corredores jóvenes -Demoitié y Myngheer-, prometedores o no, que han muerto en el ejercicio de su profesión, algo que nunca acertaremos a entender pero que pasa, vaya si pasa, y nos deja vacíos, hechos polvo y abrumados por las polémicas insulsas que alimentamos por redes.

Estamos sensibles, muy sensibles, ha querido el azar que los Tres Días de La Panne lleguen justo después de la desgraciada Gante-Wevelgem. Ahora vemos el peligro en cada esquina y recoveco. Sinceramente así no hay quien vea ciclismo. Ayer por Gerardsbergen los fugados saltaban la cunetas y las aceras porque estaban menos adoquinadas que el centro de la carretera. Eran los estribos del Muur, una pena porque en el fondo es como perder la esencia de parte de la subida.

A poco de meta, a un kilómetro Alexander Kristoff vio como un coche le adelantó por la derecha sin excesivo celo en la distancia. Antes un espectador había cruzado con el peloton llegando como una bola de nieve por una pendiente.

Y qué decir de la etapa que acabaría gabándole Viviani a Kittel cuando a seis de meta, a seis, los ciclistas invadieron un carril bici, acabaron, algunos, por el mismo y tuvieron que esquivar espectadores. Típicas escenas flamencas que en estas circunstancias encogen el estómago.

Sabemos de la historia del motorista que acabó con la vida de Antoine Demoitié, que era experimentado, que obviamente será el más traumatizado por la tragedia, pero sinceramente el tema merece una revisión cuando en los últimos doce meses estas situaciones se han repetido hasta acabar con un ciclista fallecido.

Por cierto, dicen que lo están investigando, que andan tras el suceso, viendo qué pasó, pero yo creo que el domingo en Brujas, cuando Flandes se apreste a vivir su gran día, hará falta más que un minuto de silencio, hará falta una reivindicación del gremio ciclista como pocas veces se ha visto, algo que duela al organizador, que tome conciencia de que van en serio con sus derechos mínimos, sé que parece mucho pedir, pero es que no lo siento de otra manera.

Imagen tomada de Tour de Flandes

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