No es sencillo llamarse Nairo Quintana

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No es nuevo para quien lea este mal anillado cuaderno que el nombre de Nairo Quintana nos causa especial admiración. Hace dos años por estas fechas estábamos aun asombrados haciendo cuentas y números de como tal elemento, ligero, frágil y sencillo podía haber ganado una Vuelta al País Vasco, tremenda, purísima y helada ante la plana mayor del Team Sky, los colombianos a tope -hasta Betancur caminaba en aquel entonces- e incluso Alberto Contador, quien por esas fechas se buscaba y se buscaba y no se encontraba.

A Nairo se le prevé siempre perfecto, en su sitio y alienado. Las expectativas de partida de este ciclista fueron altísimas desde el primer momento que puso un pie en una gran carrera. Su nombre no era ajeno a las miradas ni a la expectación. Este año rodó lejísimos de Dani Díaz en San Luis y no pudo estar en Andalucía, donde habría sido interesante verle entre los mamporros de Froome y Contador.

Llegó a la Tirreno y sencillamente magistral atacó una vez para que fuera la buena. La nieve del Terminillo fue, como la del Stelvio, una cortina que adornó de guirnaldas los regalos que nos da en forma de exhibiciones hacia arriba, hacia el cielo. Quienes aficionan eso de los SRM y esas moderneces que hablan más fuerte que la sensaciones, darían media vida por saber qué ratios arrastró ese cuerpecito en el que sólo se movían rítmicamente sus piernas. El resto, la cabeza, los hombros, el tronco y la cintura eran parte de la bicicleta. No pestañeaba, no gemía, no se arrugó.

Admitimos que tras la llegada a Zumárraga, la de la primera victoria de Purito, pensamos que Nairo era el hombre a batir. En La Antigua, Henao reventó la carrera, se le soldó Purito y a éste Nairo, que en el primer golpe ni se levantó de la bicicleta, sólo aceleró y se fue con los mejores. Sólo eso. Sin embargo en Arrate primero y Aia, posteriormente, no vimos al mejor Nairo. Se encogió, tanto, que nos preguntamos por la suerte de Ion Izaguirre de no haber mediado el colombiano en su trabajo.

Ahora Movistar anuncia que Nairo estará en las dos clásicas valonas. A nuestro juicio, y a priori, la Lieja, gran fondo llevado a la máxima expresión, es su carrera, pero aquí Valverde es el maestro de ceremonias. Sea como fuere ver a Nairo tan irregular en los prolegómenos de la carrera hacia el Tour aunque no sea preocupante sí que inquieta porque si algo caracteriza a los mejores en estos tiempos es que destacan desde bien pronto.

Sin embargo, cuando la carrera cruce la meta de Ans vendrá el vacío: Nairo estará en Romandía y luego todo mayo y buena parte de junio ajeno a la competición, no sé si en su Combita natal o reconociendo paisajes del Tour. Volverá en los prolegómenos de la mejor carrera, en la Ruta del Sur. Su dosificación será buena para el objetivo del Tour -para el que le veo como el mejor nombre del G4- pero en este deporte hay otros imponderables más allá de la victoria y cuando un campeón no está, el ciclismo lo paga.

Imagen tomada de www.teinteresa.es

INFO

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