Normalizar lo anormal

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Recuerdo Olga Viza con la voz entrecortada por la emoción, acompañada en la narración por Matías Prats. Era la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de Barcelona. Éramos 21 años más jóvenes. Qué jornada. Entonces un servidor quería que pasara rápido aquel tostón y empezara la competición olímpica. Con el paso de los años aprecias la importancia de aquellos momentos, de lo grande que fue lo ofreció España al mundo en esa sofocante tarde julio. Aquello fue “Marca España” con mayúsculas.

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Presa de aquel ensimismamiento, Olga Viza aborda a Lluis Bassat en la usual doble página central que el Diario Marca le propone cada domingo. Para quienes no le conozcan a Bassats, se le reconocen buenos hitos en el mundo de la publicidad en este país. Al parecer, uno no lo sabía, Bassats fue uno de los responsables de aquella ceremonia que dio pistoletazo a los juegos barceloneses.

La pieza es buena, muy buena, de otra manera no podríamos calibrar un trabajo de Olga Viza. Leyéndola ciertamente es incoherente para el tono hincha que ha tomado este medio otrora de referencia. Sin embargo ello no nos esconde ciertas realidades que se toman por habituales cuando no dejan de ser flagrantes vulneraciones de la ley y ética que deben prevalecer en el deporte.

Bassats afirma que Leo Messi debió haber salido infiltrado contra el Bayern de Múnich el pasado miércoles. ¿Dónde queda la salud del deportista? Al parecer importa un comino. A un dolor en la pierna se responde con un milagroso pinchazo y a correr. Es curioso vender deporte como salud y hablar en estos términos y encima asumirlos como normales y rutinarios. Luego nos quejamos de que nuestros pequeños crecen como impresentables fanáticos.

Ahora bien ¿no es pinchar a un deportista lesionado vulnerar la competición? Acabáramos. Si no me equivoco la esencia del dopaje es manipular artificialmente el resultado de una competición. Si Messi juega el miércoles y decanta a favor del FC Barcelona ¿qué habríamos pensado?.

El colofón viene en otro párrafo cuando el entrevistado alude a su fallida intentona para presidir el Barça. Se ve que alguien le dijo que mejor no entrara a presidir el club pues no sabría ni comprar un partido. Incluso esta afirmación se destaca en el despiece. Olga, quizá enturbiada por aquellos efluvios de gloria olímpica, no inquirió más, pasó página. Se trataba de un masaje. Ese tema no tocaba.

Como ven no hablamos de ciclismo, pero qué coño, es periodismo deportivo, un ejemplo de lo que se estila. Es lo que hay.

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