La pista española camina sin norte

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Escribo esto en caliente, con el oro de Torres & Mora en americana, al con Antonio Alix y Dori Ruano cantando las finales de keirin y el paseo militar de Laura Trott en el europeo suizo,…

Pero esta historia arranca de los Juegos Olímpicos de Barcelona. Una tarde de agosto, húmeda y calurosa, el velódromo barcelonés era el anillo del mundo acogiendo la final del kilómetro en la que José Manuel Moreno le daba el primer oro a la delegación española en sus juegos. La historia siguió su curso, y la pista española se hizo, poco a poco, fuerte. Vinieron nombres importantes, que lograron grandes éxitos, la punta de lanza Joan Llaneras, pero a su lado otros ciclistas lograban buenos resultados. Una generación extraordinaria, llevada con orden y concierto.

Aquella explosión en los velódromos trajo medallas en Sydney pero sobretodo en Atenas, con cuatro podios, de todos los perfiles, incluso hasta en el kerin con José Antonio Escuredo. Las selecciones de alrededor no daban crédito como el equipo español, con muchos menos medios que Francia, UK y Australia, conseguía tantas plazas en el podio. Luego vino Pekín y aquello ya anunció que la inercia de los resultados estaba en la prórroga. Se consiguieron sendos metales, entre ellos el último oro de Llaneras. El ciclismo era el principal proveedor de medallas de la selección española.

Pero llegó Londres y lo que anunciamos como un desastre para la pista española, unos meses antes, se consumó en el fabuloso velódromo londinense. La tendencia desde entonces no ha variado y si en la capital británica, la pista española pasó discreta, en Río de Janeiro será casi invisible.

 A día de hoy, mediados de octubre, con los Campeonatos de Europa ya amortizados, España tiene muy pocos nombres para estar en el velódromo brasileño. A saber, si todo va como se espera, en la ciudad carioca estarán el dúo de velocidad femenina, Helena Casas y Tania Calvo, el velocista navarro Juan Peralta y posiblemente Leire Olaberria, la corredora eterna que ha encontrado en el ómnium su salida tras la eliminación de casi todo el programa de fondo en unos juegos.

Triste, tristísimo panorama. Como dijimos el otro día, si el futuro de la carretera española se anuncia complicado, el de la pista es pavoroso, y no será porque la generación que ahora mismo puebla nuestros velódromos no sea apta. Miremos por ejemplo la persecución por equipos, una cuarteta de excelentes individualidades que incluye campeones y subcampeones del mundo como Albert Torres y Eloy Teruel  más Sebastián Mora, que acaba de ser doble campeón europeo en scratch y americana, triunfos excelentes para el palmarés, que le abrirán la puerta a la bolsa de los seis días, pero que no le significan nada a título olímpico, porque esas carreras no estás en programa, ni en becas, que sólo contemplan disciplinas olímpicas. El pez que se muerde la cola.

Siguiendo con la cuarteta, que firmó un décimo puesto a nivel continental, ésta rueda en 4´03´´ cuando el oro estuvo en 3´55´´ y otras ocho selecciones se han metido de por medio. Algunas como Suiza o Italia que han hecho los deberes. Cuando España fue bronce en Atenas 2004 marcó 4´02´´, once años después se rueda un segundo más lento y casi diez selecciones le han adelantado. Y no estaban ni neozelandeses ni australianos.

Esta es la pista española en estos tiempos, esa modalidad que muchos miran cada cuatro años, cuando truena, a no ser que salgan vergonzantes historias como la del Palma Arena y toda la corruptela que le rodeó, o el velódromo de Novelda en el que Julio Alberto Amores entrena entre restos de un botellón.

Imagen tomada del FB de los Campeonatos de Europa de pista

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