Nuestro hombre es Greg Van Avermaet

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Estamos ante un fin de semana, el primero de marzo, que en ciclismo no es como los demás. Siempre a caballo, entre febrero y marzo, llega la Het Volk, históricamente llamada así, aunque hoy bautizada por su propietario, Het Nieuwsblad. No es intención de este mal anillado cuaderno, entrar en el sondeo de ciclistas, cotas y adoquines. Hay otros sitios para hacerlo, os recomiendo las parrafadas de Nico Van Looy al respecto. Sin embargo, no me gustaría empezar este ciclo de grandes carreras y mejores emociones sin mencionar al ciclista que para mí lleva el dorsal número 1 en mi corazón. Hablo de Greg Van Avermaet, uno de los guapos de Ariane.

Bueno en todo, el mejor en nada, el belga del BMC es uno de los ciclistas esquinados por esa diosa llamada Fortuna, que a veces se porta de forma perra con quien menos lo merece. Van Avermaet el año pasado fue uno de los nombres de la primavera. No ganó, y no es novedad, pero de su inercia salieron parte de los mejores momentos de las clásicas de marzo y abril.

El año pasado el cuentakilómetros del belga marcaba 5200 kilómetros corridos en casi 30 días sin desánimo ni desaliento. Por el camino quedaron momentos impagables como el de Flandes, cuando fugado con Stjin Vandebergh, no recibió un mísero relevo por tener compañeros atrás, compañeros de los Fabian Cancellara daría cuenta de un soplido. Por el camino quedó también la torpeza de esos momentos de intensidad plena, cuando los grandes se juegan la gloria en San Remo, y su compañero Philippe Gilbert le molestó en el tramo decisivo, ese mismo en el que Alexander Kristoff tuvo a Luca Paolini para remachar su gran triunfo.

Esta primavera se presenta para Van Avermaet como tantas otras tuvo Juan Antonio Flecha, es decir con la necesidad de sacar sí o sí un resultado que le valiera el sudor y arrojo que dejaba en la carretera. Recuerdo que Flecha admitía no sentirse presionado por esa posiblidad, pero el runrún sonaba.

A favor, y también en contra, corre la incertidumbre que rodea estas carreras, que será por ello que tanto nos gustan. A su vez no hay dueño fijo en los pronósticos y una incipiente generacion, a la que también le cuesta mucho ganar -miren si no a Vanmarcke-, está llegando. Van Avermaet parecía rápido, pero no remacha. Está en medio, sin comerlo ni beberlo, pero esperando llevarse la pieza a casa.

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