Nuestro pequeño cuaderno de verano

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Unos días de asueto y cierto respiro y retomamos el camino. En la cuenta atrás hacia la Vuelta a España no queremos dejar de lado varios aspectos que nos han llamado la atención en este mal llamado periodo de transición por cuanto la actualidad no ha escatimado buenos titulares.

Majka y la buena estrella. El polaco fue profeta en su tierra, un ciclista nublado antes del Tour que ahora es un matador, encima renovado por el patrón ruso. Se lleva la vuelta de su país tras ser el mejor en la montaña, irresistible para dos Movistar en buen tono tras el Tour. Curiosa la buena sintonía de Jon Izaguirre con esta carrera que entra de forma especial en su bagaje. En los últimos alientos de Euskaltel el año pasado ahí estuvo y esta vez nuevamente rozando el éxito.

Sagan no garantiza el cielo. Abierto el mercado de fichajes, al menos de forma oficial y transparente, se confirma que Tinkoff tendrá dos grandes jefes. La entrada de Peter Sagan aunque notoria no es sinónimo de grandes triunfos, porque quizá sea más interesante garantizarle un buen bloque alrededor pues el astro no puede sacar y rematar los córner. Veremos que le transmiten de buen hacer y sapiencia auténticos cazadores como Rogers, Benatti y compañía.

La carrera por el Ártico, el último eslabón. Vean un momento si pueden el triunfo de Lars Peter Nordhaug por las abrasadas colinas de la coronilla noruega. Una carrera en medio de la nada, en un clima gélido –incluso en agosto-  pero de una plasticidad inmensa, excelsa, eso es esta carrera que nos ofrece un nuevo motivo para creer que este deporte es grande, único e infinito. Allí donde los anfiteatros son circos glaciares, allí donde el hombre conquista el mar (como en Dubai), allí podrá circular el ciclismo.

Stybar y la bicicleta volando. La caída del año puede haber sido la Zdenek Stybar en el Eneco Tour. Un bandazo, un corrimiento tectónico en el pelotón y el campeón del mundo de ciclocross mordido entre las vallas y los ciclistas para hacer una voltereta y ver su bicicleta volando varios metros. Una de esas caídas que pasan a los anales por su crudeza, como las de Addoujaparov y Jalabert en el Tour, o la que provocó Cavendish en Suiza. Los pelos de punta.

Y acabamos esta “vuelta al cole” con un copia y pega sobre el actor más ciclista, Robin Williams. La pieza de Jordi Escrihuela refleja el amor de este excelente artista por el ciclismo:

No podían faltar unas palabras en memoria de Robin Williams ya que, como sabéis, el famoso actor americano era un fanático del ciclismo de carretera, un amor que comenzó a gestarse cuando Armstrong (su amigo “uniball”) lo invitó a una pedalada benéfica para recaptar fondos para la lucha contra el cáncer. Dicen que su práctica le ayudó a superar una adición a las drogas, probablemente cocaína.

Según la revista Forbes, Williams llegó a ganar una media de 55 millones de dólares por año y dicen que en un garaje de los suburbios de San Francisco (Seacliff) tenía más de 50 bicicletas de todos los precios y que se gastaba unos 100.000 dólares al año en equipamiento ciclista.
Robin era un auténtico rodador que, a pesar de su aspecto “poco ciclista”, caminaba lo suficiente para dejar a muchos de nosotros de rueda.
Explican que cuando le daba el punto cogía su jet privado y se iba a subir puertos, incluso a Europa, donde era habitual verle en el Tour de Francia todos los años.
Su bici estrella era una Serotta Ottrott con cuadro de carbono y rácores de titanio, valorada en 5000 dólares.
No se afeitaba las piernas y le gustaba entrenar por carreteras entre viñas como la de Sonoma County y cuando salía de su casa a rodar ponía una bandera en su jardín.
Robin, no podrás ser bicentenario, pero allá donde estés siempre te recordaremos.

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