Nunca nos acordamos del casco, hasta que es tarde

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Sinceramente yo nunca he usado casco para ir en bici por la ciudad. No es que la use mucho, sin embargo, los trayectos que hago acostumbran a estar atestados de tráfico. Ya sabéis, primera hora de la mañana, gente al trabajo, niños al cole, zona poco céntrica en Barcelona, cercana a la salida de una autovía… todo suma.

Tengo casco, y además uno de esos de diseño, chulos. Si no vamos combinados, muchas veces prescindimos de usarlo, otras veces es la incomodidad de llevarlo encima, y eso que ¡es plegable!. Lo que queráis, pero como diría mi hijo, “da palo”.

En ciudad el casco no es obligatorio. Cuando se hizo ademán de instaurarlo, se puso el grito en el cielo, es increíble lo sensible que es la gente con todo lo que todo que tiene que ver con la bici por la ciudad -el otro día me llamaron “payaso”, digno oficio, por hablar del carril bici-.

Que si en países civilizados no se impone, que no evitaría más accidentes, que no es imprescindible,… bueno esas cosas que se argumentan, con vehemencia, y estoy de acuerdo en todas ellas. Totalmente de acuerdo, además.

Sin embargo qué queréis que os diga, un susto con bici de por medio muy próximo en mi familia, le ha valido un buen corte en la cabeza con su consiguiente “grapeado” y los habituales malos rollos de cuando te llevas un golpe en tan noble lugar. La persona en cuestión está bien y podemos decir que ha vuelto a nacer, sin ninguna duda, pero el susto, el coágulo que te identifican tras la hostia, el mal cuerpo, todo, invita a pensar en si hubiera llevado casco nos habríamos evitado parte del trago.

Y claro aqui no interviene ni la DGT, ni la concejalía, ni el grupo de ciclistas ni nadie, eres tú contra el peligro, el golpe y sus consecuencias, que a buen seguro habrían sido menores si el casco hubiera estado en esa testa.

Mirad esta mañana lo que vi en Passeig Sant Joan, “ponte el casco, es mucho mejor”, vienen en este carril bici, removiendo mis recuerdos recientes, y sinceramente no puedo menos que estar de acuerdo porque aunque no sea obligatorio, aunque parezca un engorro, quizá lo echemos de menos cuando no haya solución.

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