Oscar Freire , ese competidor de aspecto empanado y agudo instinto asesino

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Con el objetivo de que la descripción por estas líneas escupida sea la del futuro campeón del mundo, a 24 horas de dilucidarse, queremos dedicarle un momentito a Oscar Freire. Poseedor de tres arco iris, el cántabro afronta mañana una prueba de fuego cuyo línea de frontera es gruesa. Pasar a ser el ciclista con más campeonatos del Mundo en el zurrón le equipararía a las grandes leyendas a cuya puerta llamada desde hace ya siete años sin la suerte de poder travesar su umbral.

Qué poco queda de ese tibio mozuelo de Torrelavega que con un subcampeonato mundial sub 23, firmado en San Sebastián, más el Valenciaga en el currículo llegó a pros de mano de ese serio y limitado en e tiempo proyecto que fue el Vitalicio. Aquel cántabro de aire grácil, desenfadado, cercano, … se tornó con los años frío, distante, diría que desengañado. Tantos años en el profesionalismo no acaban de torcer la conciencia acaso a redirigirla y en el caso de este grandísimo ciclista nunca olvidaré como en sus sueños más lúbricos sobre la profesión nunca negó que a su hijo no le recomendaría ser ciclista en la vida.
Freire ganó su primer mundial en el descuento, haciendo bella su relación con la ciudad de Julieta, encumbrando un final muy diferente a la famosa y amorosa historia, pues su tercer, y por el momento último título, llegó también en la capital del Véneto.
Sin embargo los estadios de Freire y sus tres mundiales marcan un in crescendo cuyo perfil queremos que muera mañana en Copenhague, dado que para muchos, ésta parece la última oportunidad de proclamarse el mejor ciclista de la historia de la gran carrera de un día. Si a Verona llegó hace doce años con la sensación de que el tiempo del profesionalismo se le escapaba, por qué no pensar en esa tesitura para la cita danesa, más cuando, como entonces, al chaval de Torrelavega no se le ubica en la primera línea de favoritos.
En 1999 Freire suscribió su primer título sorprendiendo en un grupo de megaestrellas con un ataque final por la derecha, cuando la muchedumbre circulaba por la izquierda, cuya retina se hace reacia a olvidar. A los dos años, repitió sprint imperial en Lisboa para certificar su triunvirato a los tres años, de nuevo en Verona, en una edición donde sencillamente era el mejor de entre los mejores, un ciclista capaz de atar a Basso, Casagrande y la plana mayor de la selección anfitriona en las subidas y batir con tino a los velocistas en la recta final. Quizá ese Freire no será el que veamos en el mundial danés, cuyo circuito, dicen, invita al sesteo, pero lo que sabemos es que a río revuelto, el cántabro pesca mejor que nadie.

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