Otra carrera para enmarcar

0
2
vistas

Cuando era pequeño, o no tan pequeño, me asomaba a la venta de mi habitación un domingo de noviembre. A pies de mi disimilada balaustrada de estilo neoclásico, pasaban uno tíos corriendo. Al rato estos mismos escuálidos y raquíticos personajes, cruzaban la línea de meta. Era el cross de Sants, el barrio de los barrios de Barcelona, el lugar donde crecí y me hice la persona que soy. El lugar donde este domingo batí mi mejor tiempo en los diez kilómetros.

La pasada temporada, la que fue de septiembre a junio pasados, me costó un huevo bajar de 37 minutos. Quizá fuera por cansancio, posiblemente por obstinación, quizá una obsesión no resuelta, hasta el pasado mes de junio bajar de los 37 minutos y adentrarme en los 36 fue tarea imposible hasta que en Cubelles, en el límite de Barcelona y Tarragona, logré pasar ese Rubicón. Ahora a la primera, voy y reviento el 37.

Esta mañana de domingo, me levanté con un objetivo, rodar en aquel tiempo que me diera mi récord en la media maratón de Tarragona dentro de tres semanas. Con rodar a 3´50´´ el kilómetro me bastaba y sobraba en mi objetivo, pero hay veces en la vida que no conviene hacer caso a los parámetros establecidos. Hoy en mi querido Sants encontré el camino a mi mejor diez mil de siempre, hoy rodé como nunca.

Arranqué en segunda línea, correr en Barcelona es lo que tiene, somos morralla entre tanta elite y mejor no estorbar. A pesar de  ello, salí perfecto, el GPS marcó de inicio 3´50´´., “Coño” pensé. “Ya lo tengo”. Éste es el ritmo hasta el final. Por un simple cálculo debería marcar 38´20´´el arco de meta a mi paso. Al poco de salir veo a Eric, sí Monasterio, un superclase que no puede correr como le gustaría por que sus tendones le juegan mañanas pasadas. Venga tío, hay que dar guerra.

Oh, sorpresa, el GPS empieza a bajar y se clava en 3´42´´. Pasamos por la Avenida Madrid y cogemos la Roda del Brasil, bajada y tentetieso. El GPS se pone en guarimos de 3´38´´. Curva izquierda, curva derecha, en la bajada a Joan Güell, mientras oigo a dos “correcats” resoplar, sigo tiempo de récord, viene el kilómetro cuatro y sigo en horario de récord.

Antes de llegar al tercer kilómetro

Pero toda carrera tiene lagunas, desconexión. A mí me llega a mitad. Subo por encima de los 3´40´´ de media aunque no desisto. Nuevamente por la Avenida de Madrid entro en ritmo de crucero. A ritmo cruzo el umbral de los siete, “estoy en tiempo de récord nuevamente” no hay excusa. Paso más allá del sesenta en la mitad de carrera, empieza una lenta remontada. Encaramos la Espanya Industrial, veo el frontón donde me tiré horas y horas dándole, oigo el rebote de las bolas. Voy en trance. No me noto a tope ni mucho menos, pero quito segundos a un crono que, su puta madre, es inapelable, pues cuelga del cuello y me da el récord en bandeja. Por Consell de Cent encaramos la carretera de Sants, “es ahora o nunca” me digo. Rozó el 3´30´´ por momentos. Adelanto a uno, dos, tres,… entro en meta encendido, ahí, en esa Rambla cuya primera piedra vi poner al alcalde Maragalll desde mi ventana hace veinte años, ahí donde culminé mi adolescencia.

36´40´´. Toma ya. Otra para la saca. Últimamente el correr sólo me da satisfacciones. Quedo el 42 de la general, de 1300 personas, nada menos. Es lo que tiene correr en Barcelona, puedes estar lo emocionado que quieras que tu esfuerzo se diluye en medio de marea. A pesar de todo satisfacción total. Quería rodar a 3´50´´ y me sale una carrera a 3´40´´ con unas sensaciones de sentirse Dios. ¿Qué más quiero? Sí 1 hora 20 minutos en Tarragona. Otro resultado no estaría acorde.

Foto tomada de Iván Lázaro 

Publicidad

Deja un comentario