Pajas mentales que entorpecen el buen ciclismo urbano

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Hay un serio peligro en la evolución y reivindicaciones del ciclismo urbano. Un peligro de “burbuja” en lo que a infraestructuras se refiere. Nos explicamos, aunque el momento no está para dispendios más que los justos, el aforo de cada vez más voces en el grito sobre las necesidades de poner una bicicleta a rodar por las ciudades hace que en ocasiones se pierda el norte y surjan auténticas chaladurías que por no decirlo de peor manera no hacen más que desacreditar un colectivo que quiere unos mínimos para circular por la ciudad.

Dejando al margen esa cuenta que habla de opio en lugares de carriles bici, la propuesta que la revista Ciclosfera ha referenciado esta semana nos invita a pensar que aquí hay mucho oportunista . Un arquitecto de rediseño, de esos que no son de este mundo y peina rizos de oro llamado Richard Moreta ha ideado una “ciudad nube”, una suerte de tuberías elevadas, lo que vendría en algunas ciudades a ser un “metro ligero”, para que circulen las bicicletas sin tráfico rodado alrededo.

Si por segregar los carriles bici entendemos desmontar ciudades, estéticas y valores prácticos no hemos entendido la esencia de la bicicleta en las mismas. La idea para el planeta ciudad donde se desarrollan muchas de las tramas de Star Wars quizá sería aplicable, pero con la seriedad que se juega en este debate, las frivolidades mejor se exhiben en casa con conocidos.

El ciclismo urbano no necesita prescriptores del cielo en la tierra, necesita auténticos planificadores que sepan hacer convivir tantos elementos, y tan diversos, sobre vías muchas veces congestionadas. Si omitimos oníricos proyectos quizá dotemos al tema de la seriedad que requiere, que luego vendrá Calatrava con algo aún peor.

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3 COMENTARIOS

  1. Buenas, lo pongo aquí, creo que el feed no apunta bien porque los últimos post no aparecen…..por lo menos a mí….
    Saludos y adelante.

  2. Al final se reduce a lo mismo de siempre pero con más o menos diseño: Ciudades en las que su graciosa majestad el coche permite alguna que otra infraestructura (a precio desorbitante, por supuesto) para que circulen el resto de ciudadanos sin entorpecer mucho a los coches.

  3. Estoy de acuerdo con el artículo y también con el último comentario. Al final se reduce todo a las concesiones que magnánimamente conceden los conductores a los sufridos ciclistas. Y si para ello un arquitecto mesiánico se erige en su Salvador a golpe de presupuesto público mucho mejor.

    En realidad todo es mucho más sencillo.

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