Connect with us

Palabra de Miquel Poblet

Ciclismo antiguo

Palabra de Miquel Poblet

LBD Cambrils P

Quieren que os hable de clásicas, a mis 80 años. Y 45 desde que me retiré, después de 18 años como corredor. Parece que ha llovido…

Los más veteranos me recordaréis y no hace falta que os diga quién soy, pero… ¿y los más jóvenes? Podría explicarles mil batallas, pero sólo les diré que he ganado dos Milán-San Remo y una Milán-Turín, con un segundo puesto también en ambas y un segundo y un tercero en París-Roubaix  y Giro de Lombardía, en unos años que aquí, no se les daba importancia de ahora, en una afición más enganchada a las grandes vueltas.

LBD Campus Melcior M

Mi padre Enrique deseaba tener un hijo ciclista, y nací predestinado a serlo, rodeado de cuadros, sillines, manillares, neumáticos… Antes de a caminar aprendí a ir en bici, pues incluso con pañales mis padres me montaban en mi triciclo. En una época difícil, disponía del material adecuado del taller de mi padre, y no tardé en participar en carreras, ganándolas.

Quien se fijó en mí fue Torelló, presidente del Sans y director del Faema y el día que me llevó a participar a mi primera “clásica” en Aix le Bains, fue el que marcó mi trayectoria deportiva, ya que la gané, delante de  Bobet y Magni. Así me di cuenta que estaba capacitado para las llamadas clásicas del ciclismo,  y me enamoré completamente de ellas y buscaba la manera de disputarlas, porque con el Faema no podía correrlas en el extranjero.

En el 57 me enviaron a la Milán-Turín con el Faema belga, pero éstos no me aceptaron. Gracias a Torelló, el organizador me propuso correr como “isolato” (independiente) y la Ignis que iba a desaparecer, nos hizo un hueco a varios “isolatos”… y gané la prueba. El patrón, Borghi, se animó tanto que siguió con el equipo.

Pero a mí me gustaba la Milán-San Remo, enganchado desde la primera vez que la corrí. La entrenaba en un circuito similar cerca de casa. Tras cien km llanos se llegaba al Turchino, como de mi casa hasta el Ordal y de aquí bajaba al litoral,  hacia Torredembarra, Castelldefels… Las cuestas del Garraf se asemejaban a los Capos de Mele y Berta y lo hacía dos veces por semana. Con la única obsesión de ganarla, me presenté en la salida. Recuerdo que hubo una escapada de un italiano. Cerca de meta se formó un grupo en el que me pude meter. Dimos alcance al fugado y disputamos la victoria al sprint. Parecía que iba a ganar De Bruyne, pero en el último momento le superé. Con esta victoria me gané el corazón de los tifossi y  empezaron a llamarme “Mig” –por el avión-. ¡Qué exagerados estos italianos!

Las potentes escuadras belgas imponían su autoridad en las carreras de un día y yo me veía allí metido en medio de un pelotón de “Vanes” (Van Steenbergen, Van Looy, Van Daele, Van Aerde) dispuesto a tocarles las narices, y  lo conseguía, aunque no lograba rematar la faena porque fui segundo, en el 58, en todas las clásicas que disputé.

Recuerdo muy especialmente la París-Roubaix. Sabía de la dificultad del pavés y me dediqué a entrenar por las calles de Barcelona que entonces aún estaban adoquinadas. Así pude hacerme una idea. Respondí muy bien, aguantando hasta el sprint final pero allí estaban Anquetil, Darrigade y todos los “Vanes”. Mi preocupación por Van Steenbergen me hizo dudar un momento cuando saltó Van Daele, pero aún así pude hacer segundo.

En la Milán-San Remo del 58 ya aspiraba claramente a la victoria pero aquel año Van Looy iba muy picado con lo sucedido el año anterior y ordenó a sus gregarios que echaran abajo todas las escapadas y toda la maquinaria belga impuso un tren infernal que ni Darrigade ni yo fuimos capaces de romper. Me prometí volverlo a intentar con todas mis fuerzas al año siguiente.

En enero iniciaba mis entrenamientos para estar fuerte en marzo, acumulando unos 5 mil km en la salida de la Milán-San Remo del 59. Los italianos esperaban que la flecha amarilla, como empezaron a apodarme, pusiera en su sitio a las locomotoras belgas. Empezamos a correr, devorando los kilómetros, dejando atrás abandonos, averías,… En el último km arrancó como un tiro Van Steenbergen. Me puse a rueda, creía que me iba a ganar, pero en el último golpe de riñón pude superarle ante la inmensa alegría de los tifossi.

Todo esto me producía una satisfacción muy grande. Inexplicable lo que sentía. Son cosas que quedan para toda la vida. Recordar mis primeras carreras cuando no era nadie, pelearme en el extranjero con gente de talla internacional, piensas que estás soñando: “lo he logrado”, y sigues sin creértelo, y al día siguiente la gente te para: “¡Oh Poblet!…”. Vives en una aureola de satisfacción pero también de incertidumbre porque piensas qué pasará mañana. Y una vez que has ganado y la gente quiere que repitas, la tremenda responsabilidad que te invade, cuando además eres el único español con posibilidades.

Gracias por dejarme revivir estos momentos.

Por Miquel Poblet (gentileza de Jordi Escrihuela)

 

INFO

Ya está abierta la exposición “Records de Miquel Poblet”. Está en el Museu Olímpic de Barcelona, en Montjuïc al lado del Estadi Olímpic. Es una exposición que se alargará hasta el 6 de abril. Aprovechad, es pequeña, coqueta y entrañable, con maillots, trofeos y material que este ciclista irrepetible nos legó.

1

De paso podréis disfrutar del documental “Testimonis” que tuve la suerte de realizar junto a un mago de la televisión, Jordi Escursell. En el mismo reunimos a la guardia de Poblet para describir una época en la que el ciclismo era grande, grandísimo. Hasta nos fuimos a aguantar las batallitas de Bahamontes.

Clic para comentar

Más en Ciclismo antiguo

Inicio