El palmarés invisible de Riche Porte

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Decía algún sabio del ciclismo que nunca se podría optar a una grande si antes no se probaba a vencer en una pequeña vuelta, una de esas de cinco a ocho días que pueblan de forma azarosa el calendario y traen la medida de las vueltas por etapas más allá de las grandes.

Cada año, no falla, caemos en la tentación de hablar de Richie Porte, un ciclista cuyo talento es imposible que no te deje indiferente. Porte acaba de ganar Romandía su quinta vuelta pequeña el World Tour, sí cinco, y no unas cualquiera. Este año rompió su techo de cristal adjudicándose el Tour Down Under, irresistible, dominando y ganando de la forma que le había resultado imposible hasta la fecha.

También se mostró contundente en las dos ediciones de la París-Niza que ganó, alguna incluso con excelentes prestaciones contra el reloj, un rodillo. Y la Volta a Catalunya, la cuarta pieza de una corona de cinco diamantes, un bagaje que puede resultar escaso, a simple vista, pero que si miramos quiénes les superan -Contador, Nairo, Valverde y Froome- veremos que no resulta tan sencilla la empresa.

Porte sin embargo sigue siendo el ciclista de los prolegómenos. Algo, a veces su mente, otras la mala suerte con nombre y apellidos, se interpone en su camino hacia una gran vuelta. No hay manera de que en Vuelta, Giro o Tour le abran la puerta. Es indiferente que hablemos de la que hablemos, aunque a la Vuelta nunca ha optado en serio. Siempre sucede y le ocurre algo.

De entre los pocos que el año pasado pudo haberle hecho algo de daño a Froome, estuvo el tasmano, que ademas conoce al británico y su equipo a la perfección. Un corte en los primeros días complicó lo que las motos que bloquearon subiendo al Ventoux, el famoso día de autos. Todo aquello empezó con Porte estampado en una moto, algo tan inversímil como el aceptar una rueda de un equipo rival en pleno pinchazo en el Giro, ese Giro que quiso correr durmiendo en una caravana.

Porte volverá a ser de la primera línea del Tour y no le faltan razones, por de pronto será cabeza de cartel de su equipo, que envía al gélido Van Garderen al inminente Giro de Italia. Creo que entre los dos no hay color, ambos se debaten el título de eterna promesa, pero donde esté el volcánico ciclista austral, se quite el chivatillo estadounidense que gana cronos por equipos tuiteando nimiedades de los rivales.

Imagen tomada del FB del Tour de Romandie

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