París-Niza, la contracrónica

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En estos principios de la temporada de carretera es tradicional la celebración de la prueba por etapas, la París-Niza, una competición de evidente categoría internacional que anotaba su 74ª edición y que ha constituido siempre un aliciente sugestivo para las figuras del mundo del pedal. Basta contemplar su largo historial protagonizada por varios campeones. El británico Geraint Thomas, que  en cierta manera ha constituido una sorpresa, ha ganado la carrera por un escaso margen de tan sólo cuatro segundos sobre el español Alberto Contador, que tuvo en sus manos este codiciado triunfo tras un enconado duelo saldado en la última y decisiva etapa.

 

Contador se ha dejado oír con preponderancia

La citada prueba registró la participación de 175 corredores distribuidos en veintidós equipos. Nuestros representantes españoles apuntaban en esta edición la suma de catorce ciclistas, que define un porcentaje del 8% con respecto al total de inscritos. Aún así, en líneas generales, los españoles se han limitado a cumplir con el expediente, destacando por encima de todo la sugestiva actuación del madrileño Alberto Contador, un ciclista de postín que ha conseguido un honroso segundo puesto en la clasificación absoluta, que le apartó por los pelos el poder alcanzar en última instancia el puesto de líder.

Satisfacción,  aunque secundaria, el lugar  conseguido por otro representante hispano, el joven corredor vasco Ion Izagirre, que se alzó a ocupar el quinto lugar en la tabla final. Por lo demás, no dejamos en el olvido al murciano Luis León Sánchez (17º), al también vasco Gorka Izagirre (19º) y al catalán David de la Cruz (20º). La temporada de carretera es un tanto duradera para que a estas alturas busquemos a toda costa resultados confortables. Tiempo habrá para lanzar campanas al vuelo a los cuatro vientos ante competiciones de marcado rango.

 

Una París-Niza algo distinta y una discrepancia

La fisonomía de la París-Niza, conocida coma la “Carrera del sol”, reunía este año una silueta algo distinta a las ediciones anteriores. Destacamos su kilometraje que llegó a la cota total de 1.290 kilómetros, una cifra de por si satisfactoria. Esta vez, un eco que sonó por doquier, es que se suprimiera  la etapa individual de contrarreloj, un eslabón que solía acaparar en parte su interés deportivo. La distribución de etapas era de ocho días de carrera,  aunque lamentamos la obligada suspensión de la etapa que culminaba en la cima del Mont Brouilly ante las terribles condiciones climatológicas reinantes y dominadas por el fantasma temido de la nieve.

Aunque haya pareceres para todos los gustos, los organizadores hicieron prevalecer las consabidas bonificaciones de tiempo a los primeros clasificados de etapa, lo cual, según nuestro parecer personal, enturbia la realidad de los hechos que marcan los cronómetros, que representan la única verdad. Lo demás supone falsear unos resultados, aunque ganar una etapa tiene un indudable mérito que no despreciamos ni mucho menos.

 

Los primeros escarceos y el remate final de Thomas

Las cinco primeras jornadas, que fueron un eco cara a la galería sin apenas trascendencia alguna, constituyeron un canto a favor de los especialistas de la velocidad. Los laureles correspondieron básicamente al francés Nacer Bouhanni y al australiano Michael Matthews. Este último lució por varios días la prenda amarilla de líder  gracias a las bonificaciones de marras.

A partir de entonces surgieron jornadas de más trascendencia porque la configuración montañosa se hizo más visible y las armas de los ciclistas quedaron más al descubierto. Se colocó en cabeza de la general el británico Geraint Thomas, que ofrecía aparentemente más confianza y que supo resistir las embestidas de sus adversarios más directos, en especial y con preponderancia por parte de Alberto Contador y el mismo Richie Porte, al que recordamos precisamente vencedor de la pasada edición de esta competición.

 

La última jornada sirvió para dejar las cosas en su sitio

Todo hacía presagiar que en la última etapa, encerrados en la apoteosis final, se cerraría la gran incógnita de saber si Thomas podría defender en definitiva su posición de líder, especialmente en la escalada al puerto Col d´Èze, con un porcentaje medio de pendiente del 5,7% y sus casi 8 kilómetros de ascensión. A pesar de las dificultades afrontadas la situación dejó las cosas tal como estaban en relación con los dos primeros lugares de la general; es decir, en lo que concernía al británico Geraint Thomas (1º)  y el español Alberto Contador (2º), empeñado éste en hacerle la vida imposible en el último respiro de la jugosa etapa, que fue emotiva al cien por cien. Se sabe y se vio que el que le salvó la vida o les sacó las castañas del fuego a Thomas, diríamos en un léxico vulgar, fue su compañero de  escuadra Team Sky, el colombiano Sergio Luis Henao. En fin, que nos sacamos el sombrero de encima en señal inequívoca de la gran emotividad que palpamos. El tercer puesto correspondió al australiano Richie Porte, un poco decepcionado por el resultado que le trajo en mente su pasado, léase año 2015, cuando ganó esa carrera.

 

¿Quién es Geraint Thomas?

No quisiéramos finalizar este comentario sin exponer algo relativo a Geraint Thomas (29 años), vencedor absoluto de esta París-Niza. Procede de la ciudad galesa de Cardiff. No tiene un historial de campanillas. Figura como corredor profesional desde la temporada del 2005, con el agravante de sufrir una aparatosa caída de la que muy pocos apostaron que pudiera volver a darle a los pedales. Mide un metro con 83 de altura y su peso se mantiene dentro de los 71 kilos.

Ha destacado en la especialidad de pista, en la modalidad de persecución, habiendo sido vencedor por equipos en los Juegos Olímpicos, con medalla de oro en Pekín y en Londres, en los años 2008 y 2012, respectivamente, méritos que le abrieron las puertas de la esperanza. En el campo de carretera, se ha alimentado con varias victorias de etapa en pruebas de largo kilometraje. Posee en su haber sus triunfos absolutos en la Vuelta a Baviera (2011 y 2014) y en la Vuelta al Algarve (2015 y 2016).

 

En la París-Niza han brillado vencedores de excepción  

Es de señalar que el ciclista que ha copado más victorias en esta prueba de cierta envergadura ha sido el irlandés Sean Kelly, con siete consecutivas, en el período que abarca entre los años 1982 y 1988. A continuación, con cinco, figura el francés Jacques Anquetil. Con tres, están el belga Eddy Merckx, el holandés Joop Zoetemelk y el francés Laurent Jalabert. Páginas gloriosas de ciclismo que vale la pena tener presente en los archivos.

Los españoles, especialmente en estos últimos tiempos, han llevado bajo su responsabilidad cierto protagonismo, con el triunfo de Luis León Sánchez, el vencedor en la edición del año 2009, que marcó un hito de sonada  emoción frente a Contador, que iba en aquella data en pos de conseguir su segundo triunfo en la citada carrera. Pero el corredor murciano, oriundo de Mula, se llevó la mejor parte del pastel, en una disputa muy equilibrada. A estas alturas, entre el elenco de los ciclistas españoles, que se alzaron también con brillantes victorias se encuentran el ciclista de Villava, Miguel Induráin (1989-1990), y el madrileño de la localidad de Pinto, Alberto Contador (2007-1910), dos estrellas que de por sí imponen un cierto respeto al abrir sus historiales.

Por  Gerardo  Fuster

Imagen tomada de FB de la París-Niza

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