París-Niza, la crontracrónica

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De varios años a esta parte cabe reconocer que la tradicional París-Niza, que comporta un prólogo y siete etapas -1.141 kilómetros-, con inicio no lejos de la capital París para concluir en los alrededores de la cosmopolita ciudad de Niza, no decepciona. Su itinerario sigue un eje transversal que va de norte a sur de nuestro país vecino. Indudablemente constituye a todas luces una prueba atractiva en el ámbito del pedal.

El corredor oriundo del país en donde proliferan los canguros, Richie Porte, acaba de dar la campanada venciendo con evidente brillantez, espoleado muy de cerca por el polaco Michal Kwiatkowski (2º), que ha tenido el honor de mantenerse líder de la carrera en cuestión en el curso de cinco jornadas. A continuación, pisándole los talones, se han clasificado el esloveno Simon Spilak (3º), el portugués Rui Alberto Faria da Costa (4º) y el británico Geraint Thomas (5º) y el animoso ciclista francés Tony Gallopin (6º), que perdió en el último día su camiseta amarilla.

Porte volvió a dar en el clavo

La competición que nos ocupa hoy en su 73ª edición, ha tenido en su conjunto emociones incluso en jornadas que a primera vista eran consideradas como intrascendentes. Sin embargo, en breve síntesis, la carrera ha tenido su influencia básica en la denominada “etapa reina”, con final en la cima de la Croix de Chaubouret, término de la 4ª etapa, en cuya jornada se cruzaron un total de nada menos ocho puertos de alta montaña, con triunfo con todas las de la ley por parte precisamente de Porte, con adición de la última etapa, una cronoescalada individual, que culminó en la cumbre del Col d´Èze, en la cual el ciclista australiano le catapultó para proclamarse en definitiva como vencedor absoluto tras su indiscutible demostración frente a las manecillas exigentes del cronómetro.

Cabe decir que los especialistas en esta clase de esfuerzos de carácter individual se vieron desbordados en ese terreno tan particular. Entre los vencidos en el día epílogo de la carrera cabe mencionar al germano Tony Martin, que debió contentarse con ser simplemente el cuarto. La citada cronoescalada de 9,6 kilómetros, que obligaba a subir el col d´Èze, que linda a la suntuosa ciudad de Niza, joya para los turistas de alto copete, fue sumamente espectacular por su dureza transparentada por una pendiente media del 4,7 %, con inclusión de tres tramos puntuales intermedios con porcentajes que llegaban a ser del 7,7, 8,5 y 7,- %. Luchar contra el reloj hacía más difícil la contienda, una contienda que fue decisiva cara a la clasificación final.

En esta París-Niza, cabe reconocer que nos ha sorprendido en gran manera al constatar que en la clasificación final, contabilizando los diez primeros puestos, existe una separación de solamente dos minutos con 18 segundos, un cómputo de tiempo que es apenas nada, pero que ha representado mucho a la hora de echar números. Hay que reconocerlo.

¿Y los españoles?

Es obligado señalar que se alinearon en la línea de salida de la etapa prólogo, en la localidad de Maurepas, ubicada en la región de Île-de-France, una representación española formada por once ciclistas distribuidos en varios equipos sobre una totalidad de veinte. Todo ello supuso una participación total de 160 unidades citados en la línea de salida, cifra similar a la registrada el pasado año.

En el balance postrero definitivo, debemos mencionar o destacar al alicantino Rafael Valls (8º) y al vasco Gorka Izagirre (9º), unas prestaciones dignas para ser aquí divulgadas, y más tomando en consideración que el porcentaje de participación española rozaba tan sólo el 7% sobre la totalidad de concurrencia.

Para retener en el libro de los recuerdos

Antes de concluir y haciendo un poco de historia debemos señalar que esta prueba data del año 1933, con triunfo por obra del belga Alphonse Schepers. Hasta el año 1953 la citada competición cambió de titularidad bajo diferentes formatos. Se la llamó: Los seis Días de la Ruta, París-Costa Azul y París- Mediterráneo. A partir de 1954 entró en liza la nomenclatura actual, salvo una incursión en tierras italianas, habida en el año 1959. Los organizadores la titularon París-Niza-Roma, todo un cumplido cara a las gentes transalpinas.

Sean Kelly, aquel bravo corredor irlandés, no tuvo reparos en ganar esta prueba en siete ocasiones (de 1982 a 1988). Más lejos le sigue el corredor francés Jacques Anquetil, que acumuló cinco coronas de laurel. Con tres quedan el belga Eddy Merckx, el galo Laurent Jalabert y el holandés Joop Zoetemelk. Los españoles que alcanzaron la gloria y que se adjudicaron la prueba fueron: Miguel Induráin (1989 y 1990), Luis León Sánchez (2009) y Alberto Contador (2007 y 2010). La que ha dominado por naciones el historial ha sido y es Francia, con 21 victorias, a la que siguen Bélgica, con 14, e Irlanda, con 8. Es noticia el recalcar que el australiano Richie Porte (30 años), casi perteneciente al clan de los veteranos, tuvo la oportunidad de bien ganar esta misma competición por etapas, hará dos temporadas, en 2013. Son dos triunfos, los suyos, que valen oro.

Por Gerardo Fuster

Imagen tomada de www.themercury.com.au

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