El pasado siempre vuelve

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Los años pasan, los tiempos corren, pero a veces uno tiene la sensación de vivir en un bucle, un ocho ininterrumpido, sin pausa ni margen. Los dos ciclistas del arranque del Tour corroboran ese sentimiento.

Nunca cabe menospreciar un campeón, ni ponerle fecha de caducidad. A Mark Cavendish hace tiempo que le vemos en retirada frente la chavalería nueva que domina las llegadas. Ayer, cuando les veíamos sprintando por Utah Beach, no apostamos nunca por el inglés, incluso esperábamos el golpe de Marcel Kittel, pero ese isleño con cara de hooligan lo hizo y no sólo eso, también el amarillo, el primero de su trayectoria, que incluye la minucia de 27 etapas en el Tour.

Angel o demonio, Cav nunca pasa desapercibido y ganó una etapa de amplio significado histórico, por ser el lugar del desembarco normando, en un momento, tantos años después en el que su país, UK, se ha alejado del continente y con un homenaje posterior que despertó los inicios bélicos de Cavendish. Contradictorio.

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El otro nombre fue Alberto Contador, magulladísimo en meta, parecía un vivo y rodante homenaje a la semana santa. Que Contador siga o no es algo que nadie sabe, pero que sus reiteradas caídas empiezan a llamarnos la atención es un hecho. Esta mañana ya he leído comentarios al respecto e incluso de los argumentos que puede tener en esta caída si las cosas no le salen bien. Una cosa es clara, es muy difícil pensar que el tortazo de ayer le salga gratuito.

Sea como fuere el pasado vuelve, la imagen de Contador rodeado de sus compañeros nos recuerda a la de Ocaña con sus compañeros de Fagor y la de Tony Martin el año pasado con los de Ettix alrededor. Cambian los tiempos, corren los años, pero todo vuelve.

Imagen tomada del FB del Tour de Francia

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