Peligro: carril bici

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No, no estoy en contra de los carriles bici, al contrario, creo que son útiles y necesarios, al menos en la mayoría de los casos, si están bien hechos. Esto está claro. Con esto quiero decir que estoy a favor de carriles-bici lo suficientemente amplios para que puedan circular, al menos, un par de bicis en paralelo, pero que existan en ambas direcciones, tanto de ida como de vuelta, que estén bien delimitados y señalizados, pero sobre todo que estén limpios.

Cuántas veces hemos tenido que circular por alguno en un estado lamentable: lleno de vidrios, barro, aceite de coche e incluso algún animal muerto. No voy a pedir que los carriles-bici, además, estén pintados de rojo y segregados de la circulación por algún tipo de señalización o balizamiento luminoso. Sería demasiado. Tampoco me sirve que pinten una parte de la acera y me lo vendan como carril-bici.

Y todo hay que decirlo, están muy bien cuando se trata de dar un paseo, una vuelta tranquila con la bici, porque si lo que queremos es darnos un poco de “caña” nos sirven de bien poco, por no decir nada.

Todo esto viene a cuento por una nueva anécdota que paso a explicaros. Sucedió en una de mis salidas estando de vacaciones y quería que quedara como pequeña denuncia y crítica constructiva.

Entre L’Escala y Sant Pere Pescador, dos encantadores pueblos de la Costa Brava, existe un carril bici (por llamarlo de alguna manera) que une ambas poblaciones por una tranquila carretera interior, llena de campos de cultivos y de campings. Durante los meses de verano se convierte en todo un hervidero de turistas y campistas que lo utilizan para desplazarse en sus bicis a la playa, a comprar el pan o el periódico, o simplemente para darse un paseo. Os podéis imaginar que durante esas fechas el carril bici va a tope de familias enteras pedaleando o bien andando, cargados con todos sus artilugios de playa.

Este carril bici, más bien estrecho y sucio, lleno de gravilla y en muy mal estado, está en un solo sentido de la marcha, pero es apto, y así está señalizado, para las bicis tanto de ida como de vuelta, con lo que si vas circulando en bici por la calzada, te encuentras con un doble peligro: por un lado estar atento a los vehículos que te puedan adelantar por la izquierda y por otro, a las bicis que te puedes encontrar de cara, ya que incluso, en un momento dado, hasta uno que llevaba su caña de pescar como Quijote con su lanza estuvo a punto de tirarme al suelo.

De todas maneras, siempre será menos peligroso ir por la calzada, si lo que queremos hacer es un recorrido ciclodeportivo, en la que nuestra velocidad no baje de 30-35 km/h, ya que en este caso el terreno es completamente llano, que no hacerlo en medio del carril bici.

Pues así iba yo, huyendo del carril bici y ocupando, lógicamente, un poco de la parte derecha de la calzada cuando al llegar a un cruce con semáforo, de los pocos que existen en este tramo de unos 12 km, había un policía local regulándolo ya que aquél no funcionaba. Al llegar a su altura me paró y me dijo que yo tenía que ir por el carril bici, que qué hacia circulando por la calzada. Horrores me costó convencerlo, con los argumentos que os he expuesto, de que yo no podía ir por allí, que era un peligro. Después de discutir un rato con él, finalmente me dejó seguir mi camino, pero la pregunta que dejo en el aire es: ¿podría haberme multado?

Por Jordi Escrihuela, desde Ziklo

Imagen tomada de ca.santpere.cat

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