Pendientes del “Vaticano ciclista”

0
3
vistas

Este invierno hemos visto el cierre del Museo del Ghisallo con la esperanza de que vuelva a abrir a finales de febrero, cuando la subida al hermoso santuario resulte menos complicada por la meteorología. Entonces podremos ver si el cierre es temporal o si por el contrario se alarga más, algo que muchos nos tememos.

Fiorenzo Magni ya no está con nosotros. El museo tiene mucho que ver con él, y otros grandes campeones. Se valora abrirlo de forma permanentemente pero los problemas de liquidez en la administración son patentes. ¿Cómo hacerlo sin el apoyo de la región de la Lombardía o de los ayuntamientos de la zona?

Publicidad

El dinero es la clave, diríamos que la única clave. De hecho sus gestores sólo quieren abrirlo si tienen la seguridad de que la apertura va para largo. Ahora, y no cuando se abrió, se toma conciencia de la sostenibilidad o no del equipamiento. Lo que está claro es que estos momentos y según ha estado gestionado, no puede ser sostenible de ninguna de las maneras. Se abrió este museo con una visión corta y llegando a un público muy concreto. De esa manera es muy complicada su supervivencia.

El Museo del Ghisallo debe abrirse al mundo con una gestión moderna y no local. Se necesita una visión global. El Santuario es una iglesia, pero el Museo debe ser un lugar donde reencontrar la historia y situarnos en el presente. Explicar lo que vemos y nos emociona a través del pasado. Ese sentimiento es mundial.

La marca Castelli produce una gama llamada Ghisallo y sus ventas implican un retorno al museo. Quizá convendría pedirle mayor ayuda por utilizar un nombre tan importante. En Estados Unidos los museos de éxito tienen una importante cuota de dinero privado gestionado con transparencia. Como decimos con una gestión transparente y global.

Vemos el museo como un patrimonio del ciclismo pero necesita de un plan viable, hecho con criterio y no sólo con ilusión. Un sitio así debe ser una meta para muchos amantes del ciclismo y no sólo a nivel continental, los verdaderos forofos del ciclismo vienen de muy lejos, desde todas partes del mundo. Arriba en la cima de Ghisallo, se puede beber del mito de “Il Lombardía”, una de las clásicas más importantes. Por eso esperamos que ese plan llegue y la gestión sea eso, sostenible.

Por Alberto Celani

 

INFO La Biciteca prepara una nueva versión de “Mi querida bicicleta” de Miguel Delibes. Esta reedición pretende ser un homenaje al trabajo realizado por la desaparecida Editorial Miñón en 1988. Aquella genial propuesta, la de unir a dos grandes talentos, de las letras uno y de la ilustración el otro, no hizo sino revelar que ya tenían un nexo en común: La bicicleta. El resultado es una perfecta simbiosis entre imágenes y palabras, palabras e imágenes, que nos trasladan a otras épocas, a otras edades, a otras aventuras… aventuras que han sido también las nuestras en un momento u otro de nuestras vidas.

Sin tÌ-tulo-1

Es este un “librito” muy entretenido, entrañable, que se disfruta con los cinco sentidos; o los seis, como se suele decir, pues hay mucho sentido del humor en sus páginas. Y esa acostumbrada sencillez y cercanía de Delibes, marca de la casa, a la hora de contar historias que nos hace sentir que se encuentra juesto a nuestro lado, sonriendo igual que nosotros.

La prosa de Delibes se refleja en los dibujos de trazos sencillos de Luis de Horna, formando un todo natural, alcanzando una armonía casi perfecta.

Con esta obra arranca la colección Re-Ciclados, dedicada a rescatar del olvido títulos de presencia obligada en la estantería de todo aficionado al ciclismo, amante de la bicicleta o “bicioso” confeso.

Deja un comentario