Perico & Indurain, el dúo que nos enamoró del ciclismo

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Para este lunes, un tema desengrasante, tras tanta emoción deportiva mediante el “startup” belga y nostalgia extradeportiva en Euskadi. Tiempo habrá para reposar los últimos actos de este teatrillo. Queremos viajar a la raíz de las cosas, a nuestros inicios, retomar aquello que nos hizo querer el ciclismo como lo queremos, verlo como vemos, y sobretodo sentirlo a flor de piel, como creo que el lector de este rinconcito lo siente.
Ciclismo siempre habrá. Estamos rodeados de él. No necesariamente implica colgarse un dorsal, ahora, en tiempos de conflicto energético, quizás nuestras piernas sean el mejor aliado para llegar a los sitios. Sin embargo necesitamos referentes, modelos que nos canalicen esa pasión, y estos siempre deberán existir. Y ahí quedaron los resultados de nuestra última encuesta. Uno de los veredictos más apretados sobre las cuestiones planteadas.
Y es que Miguel Indurain y Pedro Delgado, por orden inverso según nuestros lectores, nos inocularon el cariño por este deporte, de forma mayoritaria. Perico puso fin a un largo periodo de sequía española en el Tour y ciertamente se granjeó el cariño de la afición con “performances” imposibles e impredecibles, un corredor con áurea popular, irresistible cuando la carrera miraba al cielo y el día le acompañaba y autor del retraso de Luxemburgo, el capítulo más inverosímil de la historia contemporánea del ciclismo. Por todo, por su indudable carisma y perfil de antihéroe en otros momentos, Perico fue un extraordinario catalizador de este deporte que sólo una década antes en España caminaba moribundo.
La aportación de Perico, más o menos discutible para muchos, trajo como consecuencia el nacimiento e implosión de Miguel Indurain, otorgando al ciclismo español el nivel de consideración mediática que nunca más ha vuelto a disponer. Cara y cruz, el mocetón navarro fue un ciclista mayúsculo e infalible durante mucho tiempo. Su perfil sufridor fue tan inédito que España se encogió cuando lo vieron tumbado en el Valico de San Cristina o Les Arcs.
Siempre Alberto
Miguel fue nuestro “primo de Zumosol”, la consecuencia  de una generación dorada de ciclistas que engancharon, ni por asomo como en el presente, porque además de la encuesta otros entornos se han citado competidores que entroncan con el dúo segoviano-navarro. Es el caso del llorado Alberto Fernández, uno de los hombres más cariñosamente recordados por los buenos aficionados que no omiten esa Vuelta que perdió en manos de Caritoux. Contemporáneo fue Angel Arroyo, protagonista en los últimos tiempos en el “revival” de aquella Vuelta que perdió en los despachos. Muchos sitúan en el abulense el inicio de esa primera edad de oro. Ahí quedan otras opciones como Álvaro Pino, Angel Camarillo y José Luis Laguía, el “rey de la montaña” de nuestros corazones. Un lugar, los Lagos, y un ciclista, Marino Lejarreta, también marcaron a fuego.
Echando la vista atrás se valora el arrojo, que sigue además intacto, de José Pérez Francésy los motivos de vecindad de Carlos Echevarria. Incluso Luis Otañose cifra entre los mentados en medio de nostálgicos recuerdos a pie de cuneta. Otro Luis, Ocaña, y un asturiano, José Manuel Fuente completan el retrato más atrás de los ochenta. Volviendo a tiempos recientes no podía faltar el Chava Jiménez, ni siquiera Fernando Escartín, ni Oscar Freire.
Del panorama foráneo la encuesta incluyó varios nombre y algunos fueron repetidos, como el de Sean Kelly, un ciclista humilde, humano y extraordinariamente versátil, un lujo hoy día rara vez visto. También Greg Lemond, el mejor especulador de los tiempos cuyo triunfo en 1989 abrió la pasión de muchos buenos aficionados. En aquel batiburrillo de colombianos de los ochenta fue especialmente querido Fabio Parra.
En tiempos más recientes la arrolladora forma de entender el ciclismo de Marco Pantani creó escuela si bien no eclipsó la elegancia innata y fortaleza extrema transmitidas por Jan Ullrich ni el tremendo carisma de VDB. Al otro lado del chaco nos dan la clave de nuevos nombres como, obviamente, Lance Armstrong, Mario Cipollini y sí, Francesco Moser, quien autor del récord de la hora en México goza de buen número de adeptos.
Recordad que sigue abierta nuestra encuentra sobre el mejor clasicómano de los tiempos. 
Fotografía tomada de www.zikliamatore.com

2 COMENTARIOS

  1. A mí que soy joven el que realmente me enganchó al ciclismo fue Marco Pantani. Tardes de verano en vez de ir a la playa o a jugar con los amigos, quedarme delante de la TV y ver la forma descarada que tenía de correr, sin miedo a nada y a nadie. De Induráin me acuerdo poco. Otro de mis favoritos es Roberto Heras, gran trabajo que hacía para Armstrong en el Tour y las mágnificas Vueltas que se sacaba de la manga(aún me acuerdo de la etapa que ganó en Pajares con un aguacero tremendo). Vinokourov es otro de mis favoritos, junto al gran Valverde y ahora en la actualidad Alberto Contador, para mí el mejor ciclista que he visto, el number one.

  2. Cuando Perico empezó a gestionar sus hazañas, yo veia el ciclismo a la carrera.Con Indurain criaba a una niña pequeña y la hora del ciclimo era mi hora de la siesta si ella me dejaba.Fue el Chava Jimenez quien me devolvió al mundo del ciclismo, lastima que sus gestas fueran breves. Escartin vió su oportunidad perdida cuando todo el "rollo" del Festina y por Oscar Freire siento una inmensa pena, todo un campeón del mundo al que jamás se le ha reconocido su valia.Ahora el ciclismo español se basa en un nombre, yo también admiro a ese ciclista; pero creo que hay muchisimos otros que también tienen mucho que decir.

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