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Peter Sagan: La vida sigue igual

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Peter Sagan: La vida sigue igual

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Ahora la cosa ha cambiado, Peter Sagan es leyenda. Es leyenda en activo, en ejercicio de su profesión. Ha cambiado porque a su estadística monumental, más de cien victorias con 27 años, le añade algo inédito, tres títulos mundiales consecutivos, eso nadie lo había logrado,…

Ganar un mundial son palabras mayores, ganarlo una vez complicado, dos casi imposible, tres, imaginadlo. Pues tres seguidos resulta una de las gestas de la historia de este bello deporte que comulgó a la perfección con el magnífico escenario de Bergen, uno de los mundiales estéticamente más bellos que recuerdo.

Dice Sagan que a cinco de meta lo vio perdido, porque Alaphilippe era un cohete, pero la suerte y el remate que le faltan al francés, le sobran a Sagan, un ciclista que sudó tinta china para ganar su primer monumento, el año pasado Flandes, y que sin embargo domina el arte del mundial como nadie.

Sagan es ya el mejor especialista en mundiales, al menos en eficiencia, la carrera más singular de la campaña, por correrse, formalmente por selecciones, aunque los intereses de los equipos acaben cruzándose en alguna ocasión. En esta rara amalgama de ambiciones nacionales y comerciales, Sagan sale a flote, es un maestro, un tipo con don.

No tiene una gran selección, a duras penas aguantó su hermano hasta el final, pero no es problema, él trepa de rueda en rueda, está quieto, atento y latente para arrancar cuando corresponde. No pasó por cabeza en toda la carrera, pero acabó ganando.

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Ojo a los registros del Sagan mundialista: en Richmond hace dos años estrujó varios geles en la boca y arrancó en la ultima subida, un repecho con nombre de número, recuerdo. Le vieron arrancar, Van Avermaet lo intentó, pero no pudo. Abrió hueco y empezó a rodar, a volar casi, para ser campeón.

El año pasado el engendro de Qatar se arregló en parte por figurar su nombre en el palmarés. En la enésima carrera que rompió Bélgica para no ganar, Peter Sagan ganó a la mejor versión de Mark Cavendish en mucho tiempo. Dos de dos.

Y en Bergen cayó Kristoff, el mismo que le amargó a veces llegadas en el Tour, se rindió en casa para presenciar el “maracanazo” del ciclismo. La secuencia, inédita en el directo, de los últimos cinco kilómetros, demuestra que Sagan cierra un par de cortes, incluso cuando Alaphilippe y Moscon siguen escapados. Es como el perro que va colocando el rebaño para llegar todos juntos y en orden. Tres de tres.

Socarrón, crecido, irónico, simpático, cuando le apetece como todo hijo de vecino, algo suelto cuando le tocan los cojones, Peter Sagan me encantó en lo primero que le dijo al periodista cuando aún no se había colgado el oro, se acordó de Michele Scarponi, el tipo que dejó surco en los corazones del pelotón.

Otro año en arco iris, otro año en maillot irisado durante la primavera, en Flandes y Roubaix, otro año así por California, por el Tour, donde sólo se quita la prenda mundial para ponerse el verde, otra vez así. Otra vez señalado, otra vez especial, le gusta, le pone. La vida sigue igual.

Imágenes tomadas de FB de Bergen 2017 y Bora-Hansgrohe

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