Peter Sagan y el “Saganazo”

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El Mundial es la carrera, la Carrera con mayúsculas, como Sagan, Peter Sagan, el ciclista, el Ciclista con mayúsculas.

270 kilómetros, siete horas de carrera, mil historias, millones de circunstancias, intentos, escapadas, cortes, caídas, reagrupamiento y ser el primero una vez, un segundo, te vale, te sirve y te perpetúa a la historia.

Historia, propia y del ciclismo eso es lo que escribe Peter Sagan, el corredor que le ha tomado la medida a una carrera a la que una amplia mayoría ni aspira y algunos necesitan de años para conquistar una vez. Tomad nota Binda, Van Steenbergen, Merckx, Freire y Sagan. C´ est tou dit.

Mundial precioso, de traca, tanto que es imperdonable el lapsus televisivo noruego en el tramo final, un fallo de esos que pasan en las mejores familias, van bien estas cosas para quienes se obsesionan con que en esta parte de los Pirineos hacemos fatal las cosas.

La carrera tuvo varios condicionantes. Llamó la atención del control checo en las primeras vueltas, como si existiese una baza latente en ese equipo, cosa que no vimos, o como si las afinidades de algunos de sus corredores con el Quick Step o con los antiguos colegas eslovacos ejerciera algún influjo.

Sea como fuere el primer dardo belga, Tim Wellens, hizo daño, pero sólo eso. Es curioso, la actuación belga al frente, la carrera desde adelante, que es la que más conviene acabó, ahí, como la presencia española al frente, con un David de la Cruz que probó en sus carnes eso de que no te dejen ir.

Bélgica era un semillero de posibilidades pero con el problema de que ninguna con opciones para el final. Había que dar turnos y Philippe Gilbert tomó el mando, no tuvo piernas o fuerza, o quizá no tuvo el vigor de los nuevos que vienen.

Cuando Francia tiraba a por el grupo de Wellens, Boom y De la Cruz, entre otros, era por algo, era, posiblemente porque sabían que Julian Alaphilippe estaba ante el día de su vida. El francés fue todo en la vuelta final.

Se escurrió del grupo cual salmón entre las manos en la subida de mismo nombre, se asoció con Gianni Moscon y dejó al italiano al empedrado más emblemático de esta edición. Alaphilippe lo hizo todo, y todo bien, pero, cuando la televisión noruega se cayó, le vino el mundo encima, por detrás querían sprint, sprint reducido, pero sprint en definitiva.

Y cazaron a los fugados. E incluso Fernando Gaviria –según indicó Sagan- buscó sorprender a un grupo en el que Alexander Kristoff probó esa amarga medicina de que no te salgan las cosas. Sagan le rebasó en la línea, propició el “saganazo”, ha ganado tres mundiales, ahora mismo en esta carrera es Dios, entre las masas le profesan una religión, nunca una creencia estuvo tan asentada en los hechos.

Imagen tomada @bergen2017

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