Philippe Gaumont no dice sandeces

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“No quiero ponerme como ejemplo. Asumo lo hecho, y siempre digo que si las condiciones fueran iguales que entonces, haría exactamente lo mismo”.

Esta frase en modo de sentencia la fórmula “l´ enfant terrible” de Cofidis, Philippe Gaumont. Le recordarán, fue un buen ciclista de clásicas. Corpulento, altanero, David Millar lo describe como el más enterado de esa estructura que siguió a Festina en el serial de escándalos allá por los años 1999, 2000 y 2001. Recuerdo un pasaje en concreto donde el espigado escocés argumentaba que el corredor nato en Amiens se regodeaba de sus conocimientos en cuestiones farmacológicas. Junto con Vandenbroucke, era la guindilla del grupo. Debió ser así. Su listado de positivos así como la vinculación establecida a tramas como la de “Docteur Mabuse” lo atestiguan.

Siguiendo con el repaso a las secuelas del tema Armstrong, que sí nos cansa, pero nos deja un reguero de reacciones interesantes, hemos localizado esta entrevista con Gaumont en el digital galo La Voix du Nord.

Gaumont recomienda que una vez realizado el exorcismo practicado sobre Lance Armstrong, nos pongamos a remenear el palmarés del Tour hasta Bradley Wiggins. El inglés y su equipo suponen diana de Gaumont, “espero que algún día no se arrepientan de sus palabras” acuña pues han jugado duro a anunciar su inmaculada áurea en el perverso mundo del dopaje. Con ello, también apunta a adalides franceses como Madiot, Bernaudeau y Voeckler, este último muy voraz cuando supo que Alberto Contador tomaba la salida en el Tour 2011 con un proceso cerrado en falso.

Gaumont, a pesar de su demonización a raíz de su salida estrepitosa de ciclismo, cuenta cosas que, a mi juicio, ofrecen toda lógica. Argumenta que “los productos prohibidos seguirán saliendo mientras haya dinero a ganar” y establece una línea cronológica: “Entre que surge el producto y puede ser detectado pueden pasar cinco años”. Preguntado por sus soluciones para que la caza de brujas cese miren lo que dice: “Tenemos un nudo gordiano con todos aquellos que siguen en este mundo, dirigiendo equipos, habiendo competido dopados”.

Con ello entroncamos de nuevo con Team Sky, Wiggins y cia. Apunten la tremenda criba que han hecho, por un motivo u otro, en su staff. Sólo Bobby Julich ha salido por admitir prácticas perniciosas. Julich fue por cierto compañero de nuestro protagonista quien sin embargo reluce un sustrato perverso en todo esto: “Todos los chavales a partir de los quince años tienen la convicción de que si no toman nada no van a ganarse la vida en este mundillo”. Recuerden lo que les dijimos hace unos meses aquí.

Y en ello que apunta los gurús de siempre, en especial a Eddy Merck de quien dice moverse “con una hipocresía total”. Andanada para el intocable. Merckx, el mejor de los tiempos, también hizo pitar la máquina, en un Giro en concreto, y si la vehemencia y libertad que se toma en juzgar se le aplicara entonces, posiblemente su historia no habría sido tal. Y es que como Gaumont sentencia: “No digo que no se deba combatir el dopaje, sino que éste existirá siempre”.

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