El Postobón y la suerte del ciclismo colombiano

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Me pide Iván Vega que escriba un artículo corto para desarrollar un proyecto largo como el de Postobón. Mi respuesta es es obvia: resulta imposible. Aprovecho la ocasión para invitar a los lectores de este blog a que lean El Afilador, donde dedico un capítulo entero a la historia y el futuro del ciclismo colombiano. Pero para no quedarnos a medias, ahí va un pequeño esbozo:

Colombia es, ahora mismo, el líder en el ciclismo mundial. Bueno, lo sigue siendo España, pero el envejecimiento de unos (los españoles) y la juventud de otros (los colombianos) hacen que el “sorpasso” sea sólo cuestión de tiempo. Y muy poco.

Por tanto, partimos de una base indiscutible: Colombia tiene el mejor talento. O al menos lo tiene si hablamos de vueltas de tres semanas: Nairo Quintana y Esteban Chaves son los estandartes de una generación que incluye algún corredor más veterano, como Rigoberto Urán, y alguno más joven, como Miguel Angel López. Y todo ello sin olvidar ciclistas bien diferentes, como el sprinter Fernando Gaviria.

Pero Colombia falla en las otras dos patas del ciclismo: no tiene un buen calendario y no tiene una buena estructura de equipos comerciales. El ciclismo colombiano está viviendo una generación de oro gracias a la “exportación” de talentos. Nairo Quintana, Esteban Chaves, Darwin Atapuma, Jarlinson Pantano… tienen un punto en común: todos pasaron por la factoría del actual Manzana Postobón. Y todos tuvieron que salir bien jóvenes porque no había opción para desarrollar su potencial en Colombia.

En el país andino no hay vueltas internacionales suficientes. Y tampoco existe el ambiente necesario para que un talento pueda desarrollarse a fuego lento y sin presiones extrañas. Y, sin embargo, están saliendo corredores y están saliendo a lo grande.

A medio y largo plazo sería importantísimo que Manzana Postobón se consolidase. La empresa tiene potencial económico para sacar un equipo WorldTour. Pero no van por ahí los tiros. La idea parece ser la apuesta, paso a paso, por un proyecto que cogieron en la categoría amateur y que en 2017 ya será profesional. Pero basado en la misma dinámica: el trabajo con los más jóvenes.

En la próxima generación hay talento a raudales, como el sprinter Molano o el escalador Reyes. Pero son muchos los que llaman a la puerta y los que, por primera vez, tienen un trampolín desde que el desarrollarse sin tener que dar el salto a Europa a las primeras de cambio. Eso significa un salto significativo para el ciclismo colombiano. Pero no es la panacea. El sistema está funcionando y resulta tan sencillo como triste explicar el motivo de gran parte de esta nueva generación de oro del ciclismo colombiano: con severos controles antiEpo en Europa, el talento de los ciclistas ligeros y acostumbrados a vivir a más de 2.500 metros… sale a relucir fácilmente.

Por Jorge Quintana

Imagen tomada de Mnazana Postobon

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