Premios secundarios que se venden como gordos

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Le Grand Bornard es un enclave pequeño, modesto pero privilegiado en el corazón de los Alpes. Tirando de Wikipedia se ubica en la Alta Saboya, tiene una población de unos 2000 habitantes y no hace falta ser un genio para saber de su valor estratégico para los amantes del esquí y el deporte en la blanca estación.

Tildé de privilegiado su estatus porque a pesar de la modestia de sus cifras demográficas, este sitio ha sido frecuentado por el Tour de Francia en estos últimos años. Sin ir más lejos, a mí me han quedado grabadas dos ediciones que marcan un poco, negro sobre blanco, lo que hemos visto en este Tour. Recuerdo por ejemplo la llegada de hace nueve años cuando Lance Armstrong disputaba cualquier resquicio, aún vestido en amarillo. Aquel día Floyd Landis se postuló como su más digno sucesor –en todo además- coronando con los grandes. El tejano quería obsequiarle con la etapa, pero Andreas Kloden se cruzó en el camino obligando a que el jefe llegara a donde el gregario de lujo no alcanzaba.

Golpe al aire, grito de rabia, Armstrong gozó vengando a su compañero chapoteando en su inmensa vanidad en un momento para él orgásmico, para el resto casi insultante. Aquel día vimos el rodillo azul, el del US Postal, trabajar como todos a uno, como siempre de hecho, en una labor de equipo unánime con criterio y aplastante. Con el tiempo se vio que aquello tuvo truco, pero sobre la pizarra, en ese momento sonaba como los ángeles.

Luego vino la famosa etapa que Contador culminó en compañía de los Schleck. Memorable cuando el madrileño, en completo amarillo, atacó a los hermanos y descolgó a su compañero Andreas Kloden, dejando en la cuneta las opciones de copar el podio por parte de Astana. Luego, arrepentido, Contador miraba y miraba, casi rezaba para que Kloden se rehiciera, pero aquello fue mucho para el alemán.

Lo que son las cosas. Dos ediciones, separadas por cinco años, tan diferentes en el planteamiento y desenlace. Parece mentita que hablemos de los mismos lugares y hasta casi de los mismos protagonistas. Kloden , Contador,…

Este tercer viernes de Tour camino de Le Gran Bornard vimos curiosas tácticas, como si los parajes invitaran a la enajenación, en la línea de lo presenciado en 2009. Vimos a un Saxo Bank haciendo un perfecto y limpio servicio a Team Sky con el pretexto de cimentar sus opciones de ganar la clasificación por equipos, un motivo que cada año en el Tour alimenta las más curiosadas estrategias. Una vez arruinadas las opciones de podio de Kreuziger y con su capo en la cuerda floja, sea la única baza de verse en el podio de París. No obstante tanto despliegue parece hasta grotesco por el tamaño de la meta.

Luego está Movistar que mete tanta gente en las fugas y mueve tantos recursos cada etapa que al final no se sabe si el objetivo es la etapa, la general por equipos, allanar el camino a Nairo o meter a Valverde en el top ten. Al final resulta que es un poco de todo, pero con la sensación de que el objetivo gordo, el prioritario, el de ayudar a Nairo en la lucha por el podio se diluye o se pospone, como si el terreno, más cuando los Saxo estuvieron tan vulnerables en Alpe d´ Huez, no invitara a probarlo en serio. Al final, sí, han ganado dos etapas, pero ¿con quién? Con un super clase llamado Rui Costa que muy probablemente no siga en el equipo y que rara vez se sacrifica por otros.

Con todo la carrera se guarda la traca final en la última subida de la misma, a 24 horas de pisar los Campos Elíseos y  la sensación de que las opciones sólo pasan por definir el podio pues a Froome ni se le tienta. Esperemos ver si mañana en Le Semmoz alguno no se arrepiente de no haber meneado el árbol del Sky en vez de llevarlos en cortejo.

Foto tomada de www.rtve.es

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