Primavera es ciclismo. Ciclismo es primavera

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Printemps, spring classics, la primavera. La estación de las luces es la gruesa línea que marca el desperece ciclista. Quien especula, muere, quien arriesga, seguramente también. Ciclismo de cuchillo entre de los dientes. Play offs fuera de la serie regular, muerte súbita, partidos de sólo ida, a cara de perro. Este fin de semana, como marca la tradición el último de febrero, cuando no el primero de marzo, se inicia la campaña de cobbles & hills. La denominada primavera. Un periodo de unas seis semanas cuyo meollo se resuelve en carreras, algunas ya centenarias.
Abre el plato una doble ración belga que culmina en la Het Niuewsblad, la Het Volk de siempre, malditas servidumbres capitalistas que sesgan la tradición. Reconozco que los en los labores de mi pasión ciclista la decana valona, la Lieja, me daba el plus. Últimamente he caído ante los rebotes del pavé, quizá como fruto de esa evolución tan humana que hallamos en otras esferas, qué sé yo, la del vino por ejemplo, cuando lo pruebas, cuando te adentras, afrutado y de poca gradación, con los años, que pegue, cuando más mejor, lo que no sea un reserva no se disfruta.
Mi reserva primaveral es la Roubaix, sin duda la reina de las clásicas. Es espectáculo garantizado. Una alquimia anual jugada sobre el caprichoso destino de unos hoyuelos entre adoquinados napoleónicos. Luego está Flandes, la fiesta de un pueblo que se siente nación. Un país en las cunetas. Un pasillo humano de 260 kilómetros. Tanto una como la otra, separadas por siete días, son la esencia en sí de este deporte. En su salud, va la del ciclismo.
Ahora que las polémicas se ahogan entre pinganillos, quizá estaría bien avisar de los peligros que asisten a las grandes citas. Por ejemplo San Remo y Flecha Valona, dos pruebas cuyo desenlace se repite machaconamente desde hace años. La primera al sprint, para vanagloria de Freire, la otra en los novecientos metros de Huy en una cortina de sesión continua de ataques infructuosos hasta que aparece el ganador. Demasiada brevedad de emociones para carreras de más de cinco horas. 

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