El principio del fin de Miguel Indurain

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Asturias no le sentaba bien a Miguel, al menos no cuando la Vuelta a España pisaba el terreno que Pelayo impidió que se conquista. En 1987 una bronquitis le apeó de la ruta ente Cangas de Onís y Oviedo. Dos años después, bajando El Fito, se fracturó a muñeca. Adiós a la Vuelta, la Vuelta en abril, la que estaba sujeta a los caprichos del tiempo, la lluvia y frío espontáneo que surge por magia en el norte en cualquier momento y el recodo más insospechado.

#DiaD 20 de septiembre de 1996

Ahora la Vuelta a España es en septiembre, la nueva era. Segunda edición tras el cambio. En la primera dominó Jalabert, en ésta quien conduce el pelotón es Alex Zulle. La carrera toma a Miguel Indurain como la estrella prometida, cinco años después de su ultima participacion, en la que quedó segundo superado por Melcior Mauri.

Pero Miguel no va, no camina como espera. La crono por la sierra de Avila le abre los ojos. Un día antes de Los Lagos de Covadonga, en los momentos posteriores a la jornada que culminó en El Naranco, Miguel es testado, sus niveles no eran los adecuados, no estaba como debiera, “no tiene punch” dice Iñaki Arratibel, médico de Banesto.

Los datos del test posterior a la cima ovetense confirman lo que se vio en la subida. Miguel Indurain sufre, camina a más de dos minutos de Zulle en la general, tercero y rodeado por la marea amarilla, que tiene al suizo en cabeza, secundado por Jalabert con Mauri y Stephens cuarto y quinto.

“Estoy preocupado” admitía Eusebio Unzue. Los peores presagios tomaron toda su dimensión en el Mirador del Fito, otra vez en El Fito, otra vez El Fito, Siete años después de fracturarse la muñeca, Indurain se descuelga en el habitual puerto que anuncia el asalto a Covadonga y toda la mística del lugar. Esta vez no es un desfallecimiento más, es “el Desfallecimiento”. En el llano previo a Covadonga pone pie a tierra. Se acabó, es su cuarto abandono en la Vuelta a España.

“Nos equivocamos al hacerle participar” dijo Unzue, quizá en tono premonitorio porque aquella relación existosa, que había dado cinco Tours y un recital de alegrías al aficionado, nunca más volvió a ser la misma. Se dice que el detonante fue aquella Vuelta y hechos anteriores, el fallido récord de la hora en Quito, pero lo cierto es que aquello era la cuenta atrás, el principio del final de Miguel Indurain.

Este post se inspiró en una publicación de Manuel Pérez

Imagen tomada de www.destinoasturias.com

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