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Beillurti, el puerto más duro del Pirineo

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Beillurti, el puerto más duro del Pirineo

Beillurti, el puerto más duro del Pirineo

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En Beillurti la carretera no nos deja avanzar  y el asfalto es una ola que se rebela

El puerto más duro que he subido nunca, y no soy precisamente de los que evitan las rampas inhumanas.

Estos puertos me van.

Disfruto con cuestas que ronden el 20% de desnivel.

Siempre ha sido así y no voy a cambiar ahora, pero hay circunstancias en las que estas montañas las puedo sufrir disfrutando y, en otras, las puedo sufrir sufriendo, y mucho, como en el caso de Beillurti «el terrible», como lo llaman los que lo han padecido en sus piernas y que además lo han catalogado como puerto más duro del Pirineo.

Berria Junio

Estas son sus credenciales: altitud 1093 m, longitud 7,2 km, desnivel 848 m, pendiente media 11,8% para un coeficiente de 358 puntos, con un primer kilómetro terrorífico al 17% con rampas de hasta el 23%.

Una bestialidad.

Ubicado en Arnegui (Iparralde), una tierra de la que estoy completamente enamorado, arranca con toda su furia la rampa de este coloso desde las mismas calles de esta bonita población.

Su primera cuesta impresiona nada más verla y de qué manera.

La obsesión por conocer Beillurti

Hacía tiempo que andaba obsesionado con este tremendo muro, con ganas de abordarlo y que cayera rendido a mis pies.

Había leído algo sobre él, historias sobre el puerto que me impactaron, desde aquellas que contaban que algunos habían roto la cadena de sus bicis de la fuerza que le imprimieron a los pedales, siguiendo por las fotos, impresionantes, de las rampas más duras, donde muchos nos enseñaban sus terribles desniveles apoyando las bicicletas con el pedal en el asfalto, manteniéndose completamente erguidas, o bien aquellos que narraban sus experiencias haciendo caballitos en su increíble primer kilómetro.

Un día me dijeron: “Si no estás en Strava, no existes”

Pensé que al menos tenía que ponerme un piñón de 32 dientes para afrontar con garantías aquel primer kilómetro. Con aquello tenía que subir paredes.

Y así, casi sin probarlo, marché a Burguete convencido de mis «posibilidades» con mi nuevo «seguro» para salvar enormes desniveles.

Ahora mismo recuerdo la hora y el momento en el que por fin tenía delante de mí la rampa, la madre de todas las rampas. Ya la conocía, casi de casualidad, del año anterior, cuando sin darme cuenta pasamos junto a su lado dirección Ondarolles, para ascender también el duro Arnostegui.

En algún momento alguien gritó «ahí empieza la subida a Beillurti» y recuerdo girar la cabeza a la izquierda y ver una ola de asfalto que se levantaba por encima de nosotros.

En aquel momento pensé que se trataba de una broma, que aquella cuesta, como muchas otras, seguro que acababa rápido en algún baserri sin salida alguna, pero no…

Pues ya estaba allí.

Recuerdo perfectamente como Jon, esperando al pie de la rampa de inicio, me dijo: «aquí lo tienes, a por él», mientras engranaba, sin pensármelo dos veces, la gran paella que llevaba detrás.

Por fin la iba a encarar.

Aquel día afrontábamos un etapón, un menú de más de 100 km con un suave y dulce aperitivo como Sorogain, un primer plato «fuerte» con Lindux y sus rampas entre el 15 y 19%, un segundo plato «difícil de digerir», todo un atracón con Beillurti, para finalizar con el postre diario del Alto de Lapizea, que siempre se atraviesa a esas alturas de ruta, ya volviendo a Burguete, con una buena kilometrada en las piernas.

«37 grados y un montón de huesos»

Algunos con más pellejos que otros alrededor.

Supongo que subir Beillurti a 37 grados, según el termómetro de Joserra, quizás no era la mejor condición para mí. Pero allí estaba. 

En aquel primer kilómetro, y con el 32 metido, en ningún momento tuve buenas sensaciones. No subía bien.

Ascendiendo ese primer terrible kilómetro sólo veía rampas imposibles encima de mi cabeza, cuestas inabordables que se retorcían curva tras curva, sin descanso, y yo verme muy abajo.

Creo que la corona de 32 no me fue bien, aunque parezca un contrasentido, ni siquiera el 30 que ni lo probé.

Así es La Brava…. 

¿Por qué?

Sencillamente porque creo que mis piernas, con ese desarrollo, no le daban toda la potencia a los pedales que necesitaba mi bici para avanzar más dignamente, y es que no pasaba de 5 km/h.

Las pulsaciones no me subían y me acomodé a un ritmo cansino que hizo que ya no bajara de piñón en toda la subida. 

Para que os hagáis una idea, después de ese kilómetro infernal, aunque por suerte aún agraciado por las sombras de los árboles, Beillurti se «suaviza» con 6 km entre el 10 y el 12’5% de media, y se abre completamente dejándote a pecho descubierto con la montaña que se te echa literalmente encima y, en aquel momento, con un sol de justicia que me quemaba las piernas, los brazos y la cara.

Dos enormes gotas de sudor cayeron sobre mis gafas.

Estaba sudando a chorros.

Avanzaba despacio.

Casi no podía más. Estaba agotado.

Ese primer kilómetro me había exprimido al máximo y me había dejado sin fuerzas. Llevaba un pajarón de cuidado. Bebía, pero el agua isotónica que llevaba está caliente.

Aún y así me la bebí.

Seguía llevando el mismo desarrollo: el 32.

No pude bajar en ningún momento piñones.

Tenía incluso algún amago de calambre detrás de la rodilla derecha.

Seguía avanzando.

Al menos tenía tiempo para ver el espectacular paisaje, sufriendo, pero contemplándolo al fin y al cabo. A lo lejos y en todo lo alto, veía la furgoneta de apoyo. Igual era sólo un kilómetro pero parecía una eternidad, con toda una dura recta que se mostraba inabordable.

Llegué a la furgoneta, pensando que ya estaba, que ya coronaba, pero nada más lejos de la realidad.

La cuesta seguía subiendo.

Aún quedaba un kilómetro para enlazar con la subida a Arnostegui, una pequeña bajada, cruce y a remontar de nuevo la carretera que ya conocía del año pasado.

Llegué mal, pero sin la sensación de haberlo dado todo.

Mientras seguimos ascendiendo suavemente por la ladera que rodea el bello monte Urkulu, pensaba en muchos que dicen que hay puertos que no tienen término medio: o los odias o te enamoras de ellos.

En mi caso no había ninguna duda y a partir de ahora para mí sería siempre «Beillurti, mon amour».

Endura LDB Summer 2019
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