Pues, sinceramente, me alegro del éxito francés en este Tour

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Acabó la gran cita del curso ciclista y las notas yacen en la casetilla de cada uno de los opositores. Nota, lo que se dice buena nota, sacan unos cuantos, aunque siempre muchos menos de los que optan a ella. Como no Cadel Evans, el terco canguro que hizo del 24 de julio una jornada festiva en su país, perjudicando, como bien dijo el primer ministro de la isla continente, a los horarios laborales del lejano país. En un renglón seguido se ubican Mark Canvedish, Samu Sánchez, los dos noruegos, Hushovd y Boasson Hagen,… Alberto Contador por su parte tuvo coartada, su cuerpo llegó al límite. No cabe darle más vueltas.
No parece que la valoración en estos términos deba incluir a los Schleck brothers quienes deberían ser partícipes de una profunda reflexión y en este caso en el propio seno familiar. Se han declarado incapaces de romper el cerco psicológico de Contador cuando debieron hacerlo y en el momento que despertaron también emergió el mejor Evans. A pesar del notable endurecimiento que las grandes vueltas están asumiendo en las últimas ediciones, con más y más montaña, siempre hay una crono para arruinarles las ilusiones. Todo ello, centrando la campaña en esta carrera y presentando el mejor equipo en el concurso, hace que la derrota sepa peor.
Sin embargo, una nota de color ha venido desde los anfitriones. Hacía una década, desde Chrisptophe Moreau, que uno de ellos no estuvo tan cerca del podio. Este Tour Voeckler anduvo cerca hasta que perdió los papeles en el Galibier. No obstante el premio gordo fue Pierre Rolland, mejor joven y ganador e Alpe d´ Huez, un precedente que desde Hinault no se daba, de ello hace 25 años, el mismo periodo que llevan sin ganar el Tour.
Sinceramente me alegro del buen momento del ciclismo galo. Alejada del típico discurso íbero, de ese odio ancestral que tanto nos gusta cultivar, cualquier valoración no debe ser más que positiva. Este país ha estado 25 años sin ganar en uno de sus emblemas, y sin embargo no le han dado la espalda. El ciclismo, aunque a veces vilipendiado, es portada en Francia, gozan de una cultura deportiva envidiable y no todo lo juegan al deporte del balón. Cuán envidia me despierta esta reflexión, ojalá lo veamos algún día aquí, aunque por el momento lo pongo en cuarentena. Aquí tenéis un enlace por quien escribe esto firmado que comulga mucho con lo dicho.
Por cierto, felices vacaciones, este blog se toma un respiro… 

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