Purito y final

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Elegir el momento en que te vas es uno de los privilegios de reservados a contados deportistas. Decir “ya, me voy, adiós” sin que nadie te saque del circuito, sin que un accidente te haya sobrevenido, sin que una cuestión extradeportiva te acucie, es algo que yo creo no compensa ni pagar con dinero. Ese privilegio, lo ha ganado Purito Rodríguez, que no González, como sacaron en cierta “prensa seria”, el sábado 6 de agosto.

Purito deja el ciclismo creo que por la puerta grande, sin alargar en exceso lo que posiblemente ya no le ilusionara como antaño. Los hijos tiran, la familia y un nivel de vida que creo tiene asegurado. Son, supongo, muchas cosas, muchos elementos que cuadrados en un puzzle invitan a tomar una decisión. Recuerdo cuando le conocí en la Setmana Catalana de 2001, cómo se vendió, qué manera de explicar las que por entonces eran ambiciones por cumplir.

Creo que la vida ha tratado bien a este ciclista que fue uno de los pocos en llamar las cosas por su nombre, en no rodear la verdad ni escatimar franqueza. Siempre presumió de lo mucho que logró con ese pequeño cuerpecito. El día que se hizo llamar Purito, ahí entre leyendas vivas del ciclismo, en esa concentración de la ONCE marcó un terreno que otros no habrán de pisar.

Podríamos cantar aquí su palmarés, hablar de números, estadísticas, puestos, días de competición, equipos en los que ha militado… pero no, de Purito nos quedamos con dos momentos. Uno ese día de Fuente De en que claudicó ante el incansable Contador. En el podio, no pudo menos que decir “chapeau” a su rival, con quien siempre tuvo su peculiar relación. Sin más, admitió que le habían levantado una Vuelta que tenía ganada y tiempo después de ceder el Giro a Hesjedal, ciclista del que poco más se supo.

El otro mometo fue uno de esos días que se graban para los tiempos. Florencia, 2013, un mundial tremendo en la ciudad que es el ombligo del universo. Aquel día, el siempre afable Purito se consumió en lagrimas en el podio. Lo que pasó entre Valverde y él, ellos sabrán, pero que todos lloramos, lo sabemos nosotros.

Se va un grande, un tipo que ha hecho del ciclismo su norma y la bicicleta su compañera. Ahora le esperan otros retos, en breve su marcha, esa que llena Andorra, el lugar donde no le quieren, le veneran. El sábado no le busquéis en la Vuelta. Se acabó el Purito ciclista, quedan sus lecciones, que no son pocas, que nos serán útiles.

Merci Purito, ha sido un placer.

Imagen tomada de www.taddlr.com

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