¿Qué día supimos de Chris Froome?

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La segunda lectura del día, en la antesala del primer monumento, sigue en torno al equipo más poderoso que ahora puebla el pelotón. Mientras Brad Wiggins corre en el anonimato alimentando su esperanzada de ganar el Giro y hacer una digna defensa del Tour, el otro gran puntal del equipo ha despertado rápido esta temporada.

Con la general, más etapa del Tour de Omán, y una segunda plaza, y otra etapa de la Tirreno-Adriático, Christopher Froome sí que es un producto cien por cien Team Sky. Los compañeros suyos que ganar y dotan de prestigio al equipo venían de otros lares donde ya dieron la nota por su rendimiento, en el caso de Froome empezó, creció y llegó a lo que es dentro del mismo equipo.

Lo que son las cosas, aquella Vuelta de 2011 le supuso una especie de ultimátum para el ciclista de origen keniano. Llegó a esa carrera en un mar de dudas y la certeza de que podría ser su última carrera con los ingleses y salió de la misma como rutilante estrella y potencial ganador de cosas grandes. Supimos de Froome, al menos el gran público, ese día de La Covatilla, donde su líder de equipo, siempre Wiggo, realizó el primer test de fuerza que evidenció madera de vueltómano en ese pistard. Froome apareció raudo al día siguiente en la crono de Salamanca y entonces se solapó a la vanguardia de la carrera.

Las estrecheces tácticas de su equipo le condenaron a la segunda plaza. Si en el equipo rival, Matxin tuvo la certeza de que Cobo era su hombre frente a nombres más consagrados, el Sky dudó y para cuando quiso apoyar a Froome, una vez superado el Angliru, era demasiado tarde.

La pasada campaña fue para Froome muy diferente a ésta. Ausente durante el primer tercio, sólo amorró en el Dauphiné, antesala del Tour. Luego en éste sinceramente corrió frenado. En esta ocasión los galones pesaron y los momentos de incertidumbre que no les propinaron los Sky, llegaron desde dentro. De ahí que sigamos pensando que la debilidad de Sky pueda estar precisamente en la convivencia pacífica de todas sus cartas.

La debilidad mostrada en la Tirreno pasaría a ser anecdótica si en el Tour estuviera como mínimo al nivel del año pasado. Sin embargo, hay cosas que marcan. Froome nos recuerda mucho a aquel talento desbocado y furibundo llamado Alex Zulle. Sus requiebros y torcido gesto en el umbral del esfuerzo marcan el carisma de un corredor que en los descensos ofrece dudas. Su gran baza puede ser precisamente que el ciclista que descabalga hacia abajo, Vincenzo NIbali, no fije el Tour como prioridad, pero sí que puede abrir la puerta a que le lleguen los golpes por ese lado. Veamos esas etapas como la de Alpe d´ Huez que se pueden decidir tanto para abajo como para arriba. Si ocurre lo primero, el Team Sky podría tener una sisma donde menos quizá lo espere.

 

Foto tomada de velonews.competitor.com

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