Que el entusiasmo de Nicolas Roche sea contagioso

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Andy Schleck tomaba la curva de derechas que conducía a la cima del Galibier. A su rueda habían muerto todos ¿todos? Sí, bueno casi, en su estela se mantenía un irlandés de gesto retorcido y manifiesta sensación de esfuerzo. Era Nicolas Roche, un corredor de retaguardia, bendecido por un apellido mítico y por ende miembro de una saga de ciclistas venidos de esa Irlanda en la que a pesar de ser poquitos, sus ciclistas son buenos y resultones en carrera.

Sin embargo así como al primo de Roche, Dan Martin, las cosas le sonrieron a lo largo del año, el hijo de Stephen había pasado los meses a la sombra de un líder, siempre alguien por encima, a que reportar, hasta que la Vuelta arrancó desde una batea.

Pero en ronda española quedaron al descubierto muchas e interesantes virtudes del ciclista irlandés. La primera hace honor al apellido que le da relevancia. Como un buen Roche, a Nicolas nunca hay que darle por muerto, incluso cuando más fuera parecía de la carrera, cuando se le veía descolgarse, se rehacía y tomaba el aliento de los grandes para no dejar pasar la que en numerosas veces definió como “la carrera de su vida”.

Roche cerró la Vuelta con una etapa ganada, sorprendentemente en un grupo donde Dani Moreno pareció indiscutible favorito, y un par de lideratos. De cualquiera de las maneras, nuestro pensamiento omite la estadística y se ciñe a lo humano. El hijo de los Roche fue un ciclista entregado a la pasión que el momento le regaló. Nunca, en ningún momento, cejó por estar con los mejores y aunque su físico no alcanzó

Pero en su persona confluyeron hechos que muchas veces echamos en falta en los grandes y hegemónicos líderes. Roche dio durante muchos pasajes de la carrera el calor y agradecimiento a sus compañeros de una manera que alcanzó una sinceridad que, dicho de paso, poco la vemos aunque tanto nos guste. Roche ha sido un constante amasijo de agradecimientos para los suyos, y cada gesta, cada muesca, cada pequeño triunfo se dividía entre tantas piernas como las que contribuyeron a los mismos.

Y es que lo hizo sin aspavientos. Habló y agradeció como corrió, es decir a pecho descubierto, sin escatimar. Fue quinto al final, pero le supo a gloria, y eso que Domenico Pozzovivo casi le adelanta al final. Todo eso además después de trabajar para Alberto Contador en el Tour de Francia. Primero el trabajo, luego el placer, el que demostró estar degustando durante veintiún días por España, de Galicia a Asturias en un amplio círculo plagado de traslados. Sinceramente, nos pareció edificante, en medio de una nube de quejas, escuchar la diversión que este momento de gloria le estaba suponiendo. ¡Congrats Nico!

Foto tomada de www.lavuelta.com

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