Que el ritmo no pare

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Tras un semana tocado por un resfriado, no fuerte, pero sí lo suficiente para desconcentrarte y encontrar escusas cuando no ruedas bien, la semana pasada fue de volumen, más que nada, porque de calidad más bien poco. Siete días seguidos saliendo a correr, varios de ellos superando la hora y rebasando los ochenta kilómetros semanales son cifras a groso modo que describen la cantidad de minutos pasados sobre unas zapatillas.

Sin embargo, que el ritmo de esos kilómetros haya sido el adecuado es otra historia. Cuesta, y mucho, encontrar la progresión que hace un par de semanas pensaba encarrilada. No sé si es el calor, si es la resaca del resfriado, la constatación que algún virus cabrón merodeaba por casa, pero cuando el ritmo era exigente los minutos eran una especie de vuelta de tuerca.

Sí. El mejor indicativo las series que guardo para el martes por la tarde. Seis cambios de ritmo de kilómetro con resoplido intermedio, corridos un poco más lentos que una semana antes, curioso, cuando las expectativas pasaban por mejorar, aunque fuera un poquito lo anterior. Lo peor es la falta de explicaciones aparentes, pues la prueba de fuego para un runner, esa que viene cada mañana a la cama cuando pones los pies en el suelo y la fatiga surge por doquier, la he pasado mucho mejor que en otras ocasiones. Es decir, no me noto cansado, recupero bien, pero cuando exprimo la patata los ritmos no salen.

Sin embargo, paciencia, llevamos escasas seis semanas y la verdad es que problemas más complicados y trascendentes toca esquivar. Con todo, sí que es cierto que el verano se alarga de forma cansina. Hubo dos días en especial que la facultad de sudar no daba más de sí. Hasta tres días tardaron en secar las zapatillas tras 16 kilómetros a ritmo vivo. Cabe el consuelo de saber que al menos los entrenos los llevas y eso a la larga es garantía.

Esta semana rompe en la primera media maratón de la temporada, la de El Vendrell, una carrera recuperada el año pasado y que éste presenta un recorrido nuevo, más urbano dicen, y un precio que es un atraco, pues a los 16 euros de salida le añaden dos por no ser federado. Correr, uno de los pocos placeres que el gobierno nos deja, empieza a ser bien de lujo. Por el momento nuestros bolsillos resisten y pagamos religiosamente, pero el comentario sobre el precio de las carreras dejó de ser anécdota para convertirse en conversación en muchos casos. Ellos sabrán qué hacen.

En tiempos de escasez económica dicen que una forma de emprender es organizar carreras. Está claro que tenemos un boom de pruebas y muchos fines de semana hay problemas para saber dónde ir, pero que sigan abusando porque esto es un péndulo y quizá les llegue el momento de arrepentirse. Yo deseo que llegue el día que se arrepientan. Estoy de acuerdo en que se lucren, pero con medida y con el objetivo de que el año que viene haya otra vez carrera, en caso contrario esto es pan para hoy y hambre para mañana.

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1 COMENTARIO

  1. No se si atreverme a comentar en esta parte del cuaderno @JoanSeguidor… si poco entiendo de los entresijos del ciclismo, menos entiendo de como se corre. Vamos, yo me pongo unas zapatillas y hasta que no puedo más; y suele ser pronto.
    Aquí donde yo vivo, también últimamente hay carreras para todos lo gustos… supongo que es una forma de que nos olvidemos de la realidad, subamos endorfinas y pasemos un buen rato. De eso trata el deporte, no???

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