¿Qué ha aportado el proyecto Leopard al ciclismo? Nada

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No nos digan porqué, les juro que la defensa de los símbolos del deporte patrio no es para mí prioridad, pero estos Schleck, los llamados principales enemigos, deportivos digo, de Alberto Contador, no me convencen. El mayor encontró el éxito en circunstancias especiales, en aquel agitado de Tour de 2006 donde como bien se dice “en río revuelto…”. Luego se centró en acumular podios en las clásicas de las Ardenas, a excepción de una victoria en Amstel y postularse como favorito a un Tour que en su vida tendrá en las piernas, a no ser que asistamos a esos milagros cada vez menos frecuentes. Por cierto, nada nuevo de sus negocietes con Eufe. De aquellas cuentas, de aquellos pagos, al menos yo, no he vuelto a saber.
Su hermano pequeño es arena de otro costal. Con mayor, diría infinita, calidad que su brother, Andy es un talento del ciclismo. Sin embargo –como bien dijo Armstrong en su día- necesita desembarazarse de su hermano cuanto antes. Lleva cuatro segundos puestos en cinco grandes que ha corrido, bagaje harto complicado de digerir para tales ambiciones, declaradas en el momento que borra de su calendario competitivo todo aquello que no sea Tour de Francia. Sinceramente flaco favor al ciclismo, eso que el admite como profesión, que no pasión, pero que en definitiva le da de comer. No sé hasta qué punto Bruyneel podrá corregir tales perversiones.
Alrededor de ellos surgió el proyecto Leopard, nacido con las galas de los grandes empeños pero un bluf en toda regla una vez el tiempo nos otorga perspectiva. Sólo un día de 365, salieron las cosas como debe en el tingladillo luxemburgués. Cuando los corseres saltaron por los aires, se dio premio a la valentía y la carrera llegó al límite, Andy Schleck se desató en el Izoard para sembrar de gloria el homenaje al Galibier. Aquello fue realmente grande, casi inédito en el seno de esta ducal familia, el mejor equipo del mundo ejercía como tal en la más grande cita. No fue, como vimos suficiente, y Andy volvió a estar a la derecha del líder en París.
Sin embargo los reveses en este equipo han sido tónica desde que arrancara la temporada. Partiendo por el propio Fabian Cancellara, quien no debe andar muy contento con el devenir de la fusión con el Radio Shack. El suizo venía a apabullar y salió magullado, haciéndolo por un lado por inconsciencia suya –corriendo a pecho descubierto en pruebas que requieren prudencia- y por el otro por total ruina de su equipo, que en Flandes por ejemplo le obligó a un movimiento precipitado que acabó por desfondarle en el Kappelmuur. Poco después vendrían las Árdenas, donde Andy y Frank se desarmaron ante Gilbert.
Inéditos en el Giro, la cagarían con mayúsculas en el Tour, donde además de cabrear al personal en los Pirineos mancillaron el trabajo de lujo que les desarrolló Jens Voigt hasta la falda de Luz Ardiden. Quizá la Vuelta fuera la grande que mejor prestación les ha dado a tenor de las dos etapas que se embolsaron, una de ellas de ese espejo del Guadiana que es Benatti, si bien asistieron como primero la desintegración del equipo pesaba en los ánimos y segundo como Jakob Fugsland no parece en el camino de disputar una grande.  
Nacieron como el mejor equipo del mundo, diez meses acaban integrados en uno sobre el papel menor. Esa ha sido la historia de Leopard, éste ha sido su destino. 

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