¿Qué queda después de la Vuelta?

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Cogí mi bicicleta con un objetivo: coronar La Camperona sin poner pie a tierra. Tomé ruta hacía el este. Grandoso, Colle, Llama y Sotillos. Ahí, arriba del Valle de Sabero, con las instalaciones mineras semi abandonas, amenazando ruina, hablando de un pasado que me cuenta mi padre fue glorioso, giré a la izquierda advertido por el cartel: “La Camperona, mirador turístico”.

Entré por un fino y denso valle, estrecha carretera que abruptamente miró al infinito. Aquello que era fino asfalto, se convirtió en un terreno medio de gravilla, medio de cemento. Aquello superaba con creces lo que dos días antes había conocido en Valdorria. Cada kilómetro, cual clavo en la cruz, se marcaba a la derecha de la ruta, advirtiendo que el 20% nos iba a acompañar, “como mal menor”, durante una buena dosis de metros.

Eché mano al plato más pequeño de mi BTT. Lo admito, de no haberlo hecho, ya sabéis: pie a tierra, y uno aunque peinando generosas entradas, tiene su orgullo. Arriba estaba la antena. 1600 metros de altura y un tipo solitario podando los matojos de maleza que entraban en el recinto vallado. Unas cuantas pintadas, algunos ecos en el ambiente del día que la Vuelta visitó el lugar y poco más, por no decir que nada más. Era una mañana de agosto, mes vacacional.

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No había pasado un año de la victoria de Ryder Hesjedal en este lugar, de la recuperación y posterior ataque de Chris Froome y este valle leonés que trepa hacia Riaño lucía silencioso, como siempre. Me pregunté entonces por los beneficios de la Vuelta, de su paso, de la inversión que implica para el lugar, de eso que llaman retorno. Creo que aquí de eso más bien poco. Un día de gloria, minutos de gloria y eso para la memoria inmaterial del lugar.

El otro día leí en Ciclismo 2005 que Asturias ha firmado un acuerdo con la Vuelta por el que se tienen que visitar dos finales en alto inéditos cada edición. Esa aseveración nos lleva a lo que oímos el otro díaa  Fernando Escartín, director de la carrera, sobre la incesante búsqueda de lugares nuevos para que acojan la carrera. Se ve que tienen tantas peticiones que los dossieres se escurren de  la mesa.

Es posible que la fiebre del Angliru y sus efectos puedan perdurar en la mente de algunos políticos y adalides de la zona, pero sinceramente el abanico se abre tanto, tanto, la Vuelta ha metido el pie en tantos sitios que es casi imposible garantizar el “éxito turístico” que sigue a la visita de la carrera.

El Tour y el Giro buscan lugares nuevos, pero los meten con tranquilidad, sin estrépito, mezclándolos con Stelvios, Tourmalets, Alpe d´ Huez y Mortirolos porque son santuarios, referentes, tradición, historia. Renegar de eso, u omitirlo, no es el mejor camino para hacer marca de carrera y sigue en la línea de confusión que hemos señalado de esta edición de la Vuelta, ese adolescente que no encuentra nada que le acabe de convencer.

Para ilustrar, por eso, los amigos de Plataforma de Recorridos Ciclistas nos han pasado la relación de finales nuevos en la Vuelta desde 2009. Miradlo, no tiene desperdicio y sed sinceros, de cuántos os acordabais.

-2009: Velefique (ya subido otros años pero como puerto de paso).

-2010: Valdepeñas de Jaén, Cotobello y Bola del Mundo.

 -2011: San Lorenzo del Escorial, Cabeza de Manzaneda y La Farrapona.

-2012: Fuerte Rapitan, Santuario de Canolich (en La Gallina), Mirador de Ezaro, Cruz de Cespedosa (cota 1470 m de Ancares), Cuitu Negru, Fuente De.

-2013: Monte da Grova, Mirador de Lobeira, Peñas Blancas, El Dornajo por Haza Llana, Peyragudes (fue llegada en el Tour 2012) y Formigal (final en 1975 y 1977, pero en una cota inferior).

-2014: Cumbres Verdes (ya visto en la Ruta del Sol), San Miguel de Aralar, La Camperona, Monte Castrove y Puerto de Ancares (meta en la cima y subiendo por otra vertiente).

-2015: Mesas de Villaverde, Sierra de Cazorla, Capileira, Cumbre del Sol, Els Cortals (visto en la Volta), Fuente del Chivo (en Alto Campoo, a una cota inferior, ha habido 3 finales), Sotres/La Caballar y Ermita del Alba.

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