¿Qué será de los avituallamientos?

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El Tour se conmocionó en la primera jornada de descanso con el obligado abandono de Ivan Basso, que dejó la caravana diagnosticado un cáncer testicular, que en este deporte tiene célebres, y por suerte exitosos, antecedentes. De las pocas imágenes que nos queda del compañero de Alberto Contador, está ésta en la que sube al pelotón con el famoso chaleco porta bidones cargado hasta los topes.

La estampa de Basso es síntoma de otro de los grandes cambios del ciclismo, uno que muchos no perciben, pero que en sus días también influyeron. Hablo de los avituallamientos y de su importancia, cada vez menor, porque el ciclista que no coja la bolsa en el punto puede hacerlo desde el coche cuando le plazca, aunque siempre respetando un tramo de la etapa.

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La foto de Basso contrasta con la de estos ciclistas de hace mucho, mucho, mucho tiempo arrimados a un pilón, bebiendo generosamente, en lo que era habitual en esas fechas, buscarse literalmente la vida para llenar bidones o ingerir un vaso de leche caliente en caso de tempestad de nieve.

El avituallamiento fue punto importante de algunas situaciones verdaderamente increíbles, como los ataques, mil veces recordados por Perico, de Laurent Fignon, un ciclista que exprimió su talento natural más allá, siempre escrutando el flanco débil de los rivales y buscando las cosquillas en cualquier momento.

Esas imágenes de auténtico “perro” nos la perderemos y no digo que sea mejor o peor, pero al final vemos que imperceptiblemente, este deporte pierde eso, cositas que lo hicieron diferente, épico y legendario. Espero que “amputando” tantas facetas no nos quedemos en el hueso.

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