Queda mucho trabajo que hacer

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Ya me perdonaréis pero este cuadernillo Runner amarillea sin que un servidor le vierta tinta. Lo habíamos dejado unas cinco semanas atrás, con la Cursa de Sant Antoni, en el corazón barcelonés. Allí a pesar de la lluvia y los excesos navideños pude registrar mi mejor marca en un 10.000. 36´20´´ fue lo marcó el arco de meta que me vio pasar cojeando por un inoportuno pinchazo en el isquio derecho.

Aquella lesión me tuvo una semana parado, nada, totalmente quieto. A la semana volví, pero muy suave, las molestias de isquio son las típicas que te rallan y quieres ir poco a poco. Sin dolores en la lesión original, empezó  a molestarme el cuádriceps izquierdo, otros cuantos días. Al final lo uno por lo otro más de tres semanas sin rodar en condiciones, entendiendo rodar en condiciones el implantar series, cambios de ritmo, rodajes duros y esas esas cosas. Con todo no fue hasta esta última semana que con las sensaciones totalmente restablecidas que las series empezaron a formar parte de la rutina semana y con ellas volvió la sensación de velocidad y esfuerzo olvidada.

Con el tiempo justo me presenté este domingo en la tercera edición de una carrera que son tres en una. Bajo el título de media maratón, Calafell acogió un 5.000, un 10.000 y la consabida media. Un servidor se decantó por el 10.000 pues creo que la media queda lejos, al menos en el ritmo deseado, y los cinco kilómetros mejor cada mucho tiempo, pues para uno que hice me resultó agónico.

La mañana en Calafell fue perfecta, temperatura ideal,  solecito bueno y ausencia total de viento. De salida el problema de siempre, un calentamiento escaso se plasma otra vez en una mala salida. Si algún día quiero optar a marcar 35 minutos, no se puede salir tan lento. El primer cinco mil lo paso en 18´25´´ y casi calco el mismo tiempo en el segundo. Al final 36´55´´ y noveno en la general final –un puesto que siempre sabe bien-. Aunque por momentos me sentí rápido, las sensaciones no fueron las de Sant Antoni y se me demostró que debo trabajar bastante para que los objetivos vayan cayendo.

Ahora pienso en Calella, el 30 de marzo, donde, como el año pasado, quiero buscar el mejor tiempo en una media maratón. Sí, una vez más apostamos a la hora veinte y creo que es factible, eso sí, siempre y cuando la calidad sea la tónica de unos entrenamientos que se antojan duros, porque para cualquier runner popular, como un servidor, compaginarlo todo, e intentar hacerlo bien, no es sencillo.

Y mientras competía en Calafell, varios amigos estaban en harina. Por ejemplo Marco, cuarto en mi misma carrera que de tanto apretar al tercero le hizo pasar pero que un muy mal momento y a mil kilómetros tres compañeros se la jugaban en la maratón de Sevilla. Mario firmó su récord cuando hace un año cojeaba de su operación de rodilla, Víctor no sacó su mejor carrera por el puñetero sóleo y Goyo ahí estuvo, sumando no sé cuántas maratones. Aunque no siempre se logre el objetivo, una maratón es un tema de heroísmo, y siempre cabe la misma palabra: felicidades.

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