¿Qué hay de bueno en este Tour?

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No en vano el Tour de Francia ha sido y es la máxima competición ciclista que acapara más prestigio dentro del calendario internacional. Aunque la temporada en ruta abarca el período activo de nueve largos meses, bien es cierto que los aficionados al deporte de las dos ruedas centran su particular atención en torno a lo que podrá suceder en estas fechas del mes de julio que adquieren un interés especial al celebrarse la ronda francesa, un acontecimiento tradicional que con el paso de los años no muere.

Preámbulo

El Tour persiste en la idea divulgativa de pisar territorio extranjero, un evento que en verdad dilata intrínsecamente su popularidad internacional. La caravana multicolor, esta vez, iniciará su periplo en la ciudad holandesa de Utrecht. Es toda una novedad el que se celebren dos etapas en el país de las planicies, un país tan arraigado al deporte de la bicicleta y que cuenta con miles y miles de adeptos muy familiarizados en darle a los pedales a pesar de las oscilantes condiciones climatológicas que no siempre son muy favorables. El ciclismo es un advenimiento allí que está por encima de todo.

Otra alternativa a resaltar es que cada equipo ciclista estará formado por nueve unidades. Serán veintidós las escuadras que participan con lo cual se deduce que totalizarán en la línea de partida un conglomerado de nada menos 198 corredores, una cifra global un tanto comprometida y que aporta un cierto riesgo como son las caídas. Los organizadores deberían ser más exigentes o escrupulosos; es decir, reduciendo el número masivo de participantes que, algunas veces, se ven obligados a sortear carreteras más bien estrechas, lo cual provoca en consecuencia una acusada tensión por parte de los mismos concurrentes. Por último y cómo inciso el consignar que se asignarán a los tres primeros clasificados de etapa sendas bonificaciones (10, 6 y 4 segundos), una fórmula que ni mucho menos nos satisface.

Una frase popular: renovarse o morir

De manera sucinta no podemos por menos que adentrarnos y analizar un poco las principales novedades que encierra la ronda francesa en la edición de este año. Siempre hay pinceladas nuevas que la organización trata de incluir para darle, si cabe, una fisonomía más atractiva. Henri Desgrange, el admirado fundador e impulsor del Tour, que puso en marcha en el año 1903, sabía bien de sobras que una prueba de esta envergadura requería para subsistir unas iniciativas renovadoras como así ha ido aconteciendo año tras año. Ha trascurrido más de un siglo desde aquellos principios encerrados ya un poco en la leyenda. Se debe tomar en consideración la paralización obligada con motivo de la Primera y la Segunda Guerra Mundial, episodios dramáticos que asolaron con contundencia en el territorio europeo.

El Tour en esencia se parece al del año pasado

El Tour en sí siempre se ha caracterizado por el dominio ejercido por los puertos de alta montaña. En esta ocasión se cruzarán 28 cimas distribuidas en varias categorías. Nos llama la atención, por ejemplo, el de que primero se deberán salvar los collados pirenaicos, mientras que el conglomerado de los Alpes se afrontará en las postrimerías de la prueba. No hay duda que el interés de la carrera se centrará más bien en esos últimos y empinados macizos, que se afrontarán en la segunda parte de la carrera. Es conveniente señalar que habrá cinco etapas con sendas llegadas en alto. Serán: La Pierre-Saint-Martin (10ª etapa – 1.610 metros de altitud), Plateau de Beille (12ª – 1.780 mts.), Pra-Loup (17ª – 1.620 mts.), La Toussuire (19ª – 1.705 mts.) y Alpe-d´Huez (20ª – 1.850 mts.).

Otra faceta a tomar en consideración son las etapas de la especialidad exigente de contrarreloj. La primera etapa será un breve sector individual, de 14 kilómetros en los alrededores de la población de Utrecht. Se deberá pedalear a tope. Todo un espectáculo. La pugna por equipos se desarrollará en el noveno día de competición bajo una distancia a cubrir de 28 kilómetros. De todo ello deducimos que esta vez las manecillas del reloj no tendrán tanta influencia en la cuenta de resultados.

Existe un paralelismo entre el kilometraje total contabilizado el pasado año y éste. La suma es bastante equilibrada. Esta vez se computarán un total de 3.344 kilómetros; es decir, se recorrerán 60 kilómetros de menos. Básicamente las denominadas etapas llanas, o las de media montaña, o las de alta montaña, traducen una cierta similitud entre uno y otro año. En el fondo de la cuestión existe un equilibrio técnico de identidad.

La tabla de favoritos

Somos sinceros en manifestar que el Tour de Francia, una vez más, acaparará una más cotizada participación internacional. Sobre el papel existen tres ciclistas que a nuestro juicio están por encima de todos los demás. No son otros -es fácil el adivinarlo- que el británico Christopher Froome, el colombiano Nairo Quintana y el italiano Vincenzo Nibali, que llevan realizados méritos suficientes para alcanzar el triunfo absoluto.

Nuestro país, España, en un plano algo inferior, cuenta con un trío de veteranos integrado por el madrileño Alberto Contador, el catalán Joaquim Rodríguez y el murciano Alejandro Valverde. No se puede pedir más. De entre otros extranjeros más distinguidos no podemos dejar en el tintero a componentes con los que habrá que contar. Yendo al grano, debemos consignar también en esta escala de favoritos a los siguientes corredores: el estadounidense Tejay Van Garderen, el holandés Bauke Mollema, el colombiano Rigoberto Urán, el canadiense Ryder Hesjedal y finalmente el polaco Michal Kwiatkowski, la revelación de estos últimos tiempos.

Un poco de historia: el Tour y los Países Bajos

Quisiéramos recordar que fue en el año 1954, cuando el Tour de Francia inició su periplo por vez primera en los Países Bajos, en el país de las extensas planicies que se ha preocupado siempre de conquistar y fertilizar tierras inundadas por el mar. Todo ello significó un loable acontecimiento que se vivió concretamente en la ciudad de mil facetas, Amsterdam. No pocos de los que nos leen se preguntarán si hubo otras veces en la cual la ronda gala volvió a visitar aquella nación que hoy nos ocupa.

Efectivamente, en el año 1973, la caravana multicolor ciclista rindió visita a la ciudad turística de Scheveningen, un punto veraniego de la alta sociedad, lindante a la costa del mar del Norte. Siguieron posteriormente las ciudades de Leiden (1978), con un centro universitario de alto relieve internacional, y Hertogenbosch  (1996). Finalmente le tocó el turno a la industrial población de Róterdam (2010), reconstruida tras los bombardeos es habidos durante la Segunda Guerra Mundial. Es en la actualidad la ciudad que posee el puerto más importante de Europa.

La conclusión final, simple anécdota, es que el Tour de Francia ha registrado cinco comienzos en tierras holandesas, lo cual no deja de ser un dato de interés para los que se sienten atraídos por los datos estadísticos. Hacer hincapié que en esta próxima e inminente edición del Tour, la 102ª, vuelve a ponerse en marcha por sexta vez en la comúnmente llamada la tierra de los tulipanes. Esta vez corresponde el turno a la ciudad polifacética de Utrecht, que reúne la famosa Universidad estudiantil de alto rango mundial bajo la silueta inconfundible de su imperante Observatorio. Algo más allá se encuentra la monumental Catedral gótica de San Martín.

Por Gerardo Fuster

INFO

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En el Tour de Francia, los 198 ciclistas gastarán aproximadamente un total de 25 millones de calorías, que deberán reponer siguiendo una correcta estrategia nutricional durante y después de cada etapa gracias a los productos Powerbar desarrollados a tal efecto. Y los números son impresionantes, ya que en total, los ciclistas que competirán en el Tour consumirán:
• 13.700 Barritas Powerbar Energize
• 15.400 Powergels
• Miles de litros de la bebida energética Powerbar Isoactive Isotonic
• 530 raciones de batidos Powerbar Recovery

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