¿Quién se acuerda de Steven Kruijswijk?

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Dos semanas ya, quince días desde la caída bestial e inaceptable de Steven Kruijswijk en Lugo por un bolado. El solo motivo del accidente horripila, ciertamente. El tiempo corre deprisa y en contra del accidentado, de cuyo nombre nadie se acuerda ahora, ni siquiera cuando vemos a los mejores y nos podríamos preguntar qué suerte habría corrido, pero nosotros siempre hemos tenido un rincón de la mente pensando en ese holandés que un día en el ejercicio de su oficio tuvo un accidente salvaje porque alguien no hizo bien su trabajo.

El que debía ser el año de Kruijswik se ha convertido en una pesadilla. Hace poco más de un año, por los Dolomitas y Alpes italianos, un ciclista frío, neerlandés, de aspecto angulado y pedaleo cíclico, se dio cuenta que podía optar a algo más. Era Steven Kruijswijk, quien perdió tiempo en los primeros compases del Giro de 2015 pero al final se puso entre Landa, Contador y Aru, y vio que aguantaba, que estaba con ellos perfectamente, como si ese nivel de carrera, no había otro más alto, fuera el suyo.

Pasó un año y Kruijswik se presentó en el Giro con serias opciones, y señalado por muchos, para hacer algo importante. Y estuvo en ello. Se puso de líder en la maravillosa etapa de Corvara. Su solidez al frente del peloton, con rivales aparentemente inferiores, su pedaleo fino y seguro, su imagen de no sufrir más de lo estipualdo. Todo marcaba la carta ganadora sobre su espalda.

Pero una gran vuelta es la suma de muchas cosas y un denominador común: suerte. Y Kruijswijk no la tuvo, ni suerte ni lucicez en un momento concreto. Cuando la carrera entraba en las neveras del Agnello, Chaves subiendo, Nibali bajando, le pusieron en aprietos. Acabó por los suelos. Toda su fortaleza se quedó en un muro de dos metros de nieve, entre Italia y Francia. Su fuerza se cegó. Su gran objetivo quedó en nada.

Pero el holandés, no desistió. Admitió errores y preparó con mimo la Vuelta. Se hizo grande en la derrota, a menos a nuestros ojos. El inicio no le fue propicio pero quiso seguir, a ver qué pasaba, hasta que un bolardo mal señalado en la indigna llegada de Lugo le rompió por la mitad. Sinceramente, se nos partió el corazón cuando yacía inmóvil en una acera entre personas que no esperaban presenciar aquello, en vivo y en directo.

La sensación de pesadumbre se tornó indignación cuando supimos que aquello había sido una negligencia de la organización. Amigo Kruijswijk podemos imaginar, remotamente, cómo te sientes, porque practicar un deporte con el riesgo tan intrínsecamente supone aceptar muchas cosas, pero que fallen quienes deben velar para que la seguridad sea la mejor posible no es de recibo. Pedimos seguridad en las carreteras y ciudades y en las competiciones de alto copete, que diría nuestro amigo Gerardo, pasa esto.

La Vuelta se había granjeado una fama, recuerdo, hace veinte y treinta años, de carrera voluntariosamente bien organizada, aunque con algunos agujeros negros como aquel túnel del Cotefablo mal iluminado que casi le cuesta la vida a Dietzen. Sin embargo la Vuelta se distinguía, por ejemplo, sobre el Giro, por el orden y disciplina en las llegadas y la buena cobertura televisiva, incluso en condiciones complicadas.

Ahora cosas de esas son reliquias, y lo de Kruijswijk es un ejemplo, hay otros sobre retransmisiones, ubicaciones de las llegadas -más horribles no pueden ser-, repesca de grupos sin mayores consecuencias… La carrera presume de hoyar lugares nuevos y cuestas imposibles, además de atraer buenas estrellas, que por ejemplo no van al Giro, pero llegadas como las de Lugo, en las que un milagro impide males mayores, no pueden ser la norma. No porque quienes van sobre esas flacas son personas, con sueños, familia y obligaciones laborales.

No sé como se resolverá el tortazo del holandés. Quizá como Sagan el año pasado, cuando se fue calcinado de Murcia, tirando la bola adelante y punto. Del accidente de Kruijswijk nos quedaremos con su imagen en el suelo, de cómo se resuelve, nada sabremos, como nunca nada supimos de Flecha y sus compañeros de fuga cuando fueron arrollados en el Tour. Al fin y al cabo, hablamos ASO y aquí ya sabemos quién lleva la sartén por el mango.

Imagen tomada de cycling-today.com

INFO

La semana pasada fue la Semana TowCar – Planifica tus Pedaladas en la Bkool Summer Cup sorteando importantes regalos. Alrededor de 50 ciclistas de varios países del mundo se dieron cita para medir sus fuerzas sobre los últimos kilómetros del recorrido real de la 17ª etapa de la presente Vuelta a España.

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