¿Cómo quiere ser recordado Alberto Contador?

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Se ha vaciado Alberto Contador con Carlos Arribas, como Alejandro Valverde hace unos días.

La entrevista es una delicia, porque entra de forma desordenada y sin presión en los muchos vericuetos que explican un corredor que ha marcado época y dejado huella sin duda.

Pero ¿qué prefiere Contador marcar época o dejar huella?

Creo que con la última Vuelta en la mano pensaríamos que lo segundo, ser reconocido como el que nuca bajaba los brazos y siempre tenía un aliento para algo más, para dar espectáculo, ese concepto heterogéneo del que tantos hablamos, y que para cuadrar conviene ser pero que muy bueno.

Pero cuando Contador habla, echa mano de palmarés y bagaje, que es muy bueno y sobre todo coherente: todo grandes y pequeñas vueltas y una sola clásica, la Milán-Turin, y porque ésta acaba Superga, allá arriba, sobre las marquesinas de la capital del Piamonte.

Yo creo que en Contador hay un poco de todo, y que dice una cosa según le sople el viento o el dé en ese momento. Un campeón no gana siete grandes vueltas basándose en el corazón, hay mucho de alquimia, de saber medir y explotar las grandes cualidades que la naturaleza te ha dado.

En la conversación valora hechos tan lejanos que hablan de la longevidad de Contador en la elite, hechos sobre los que rara vez se la ha preguntado, no sé si porque por medio ha tenido que pasar por mil vicisitudes o porque sinceramente no interesaba preguntarte.

El primer maillot amarillo que ganó frente al expulsado Rasmussen, en ese Tour rarísimo de hace diez años en el que se negó a vestir el amarillo el día después de que eliminaran al mentiroso danés. Como tampoco ha hablado mucho de su rivalidad con Levi Leipheimer, que vestía el mismo maillot y que quizá eso le valiera perder algún chance frente a su declarado líder.

Curiosamente, la mejor versión de Contador, que todos ubicábamos en 2009 y en ese Tour, fue en 2014, donde muchos pensamos que en esa bajada de los Vosgos se dejó su ultima opción de ganar el Tour. Dice que tuvo números increíbles esa temporada, la que le ganó la Vuelta a Froome y la Tirreno a Nairo, y eso es mucho decir, porque el segundo y último Tour que gana fue fruto de una exhibición total tanto en montaña como en crono, sí, en una crono que le ganó a Cancellara.

Palmarés a parte, “que cada uno lo cuente como quiera contarlo” dice, sigue apelando a lo emocional, al punto que se va al extremo, pero no a uno cualquiera, al de Marco Pantani, cuya evocación no sé yo si es la más acertada.

Con todo en Alberto Contador confluyen muchas cosas que le han hecho ser percibido como lo es: ha sido la principal estrella de época más convulsa del ciclismo, en la época de mayor descrédito de este deporte. Siempre a la contra, limpiando su nombre tras el positivo y en un país que gusta mucho de la defensa ciega de sus ídolos, incluso en medio de una crisis económica que empujaba a agarrarse a lo que fuera.

Con esto y con aquello tenemos la figura del hidalgo nacional, del ciclista que entra sin duda en el top de la historia de este deporte, aunque, creedme, las comparaciones son odiosas y más cuando entras en el terreno de los más grandes. Con decir que está en ese top, cumplimos.

Imagen tomada de FB de Trek-Segafredo

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