Quijotesco y Contador, cuatro años después en la Vuelta

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Hidalgo de andanzas y desventuras. Caballero pinteño, de la más estricta meseta. Quijotesco semblante, arracimo de rabia y pundonor frente al método “rodillesco” anglosajón. Él es de la “Roja”, antaño “Furia”. Con su Sancho Panza calvo y nórdico. Conocedor confeso de las virtudes del dopaje duro para ganar el primer y único Tour de su país. Alberto Contador está de nuevo en la Vuelta, cuatro años después de ganarla.

Acosado en las salidas

El madrileño es el ciclista mejor dotado de su generación. Una especie de Felice Gimondi, Laurent Fignon y Jan Ullrich, con toda la carga que ello significa. Grandísimo ciclista atizado de circunstancias diversas que no le dejaron dibujar aquello que su talento empujaba. Trazar alto siempre le gustó. Como esos alados animales de los que se declara admirador. Pero hubo un mítico personaje con las alas de cera, y con el calor se derretían y no funcionaban. Tremendo golpe.

Hoy hace cuatro años hablábamos de la Vuelta a España que Alberto Contador optaba a ganar. Cuatro años es una legislatura, un ciclo olímpico,… mucho tiempo, demasiado. Una biografía entera se fragua en cuatro años. Contador de este lapso podría escribir varias.

Su triunfo en la Vuelta 2008 convivió con una noticia de mala digestión: el regreso de Lance Armstrong bajo el cobijo de Johan Bruyneel, el director con quien  mejores resultados halló. Luego el Tour, el segundo de su cuenta, con una terrible convivencia con Armstrong. Desbandada de éste y sus adláteres, que descapitalizaron el Astana que debía secundarle en la defensa de una corona que retuvo varias semanas, pues cuando en agosto de 2010 recibió una llamada informando de un resultado adverso con algo tan nimio como clembuterol, empezó una pesadilla resuelta este mismo año no con resultado adverso, sino no concluyentemente negativo. Por medio perdió un Giro y un Tour, pero, tan hispánico él, se supo querido por un público que lo idolatra hasta la extenuación. En cualquier otro país ese cariño ciego incondicional sería testimonial. En España implica dividendos, por ejemplo en forma de anuncios de televisión y multimedia. Sí, colchonero, y no de Atlético de Madrid. Mensajes publicitarios que emiten juicios.

De esos pagos el presente. Un ciclista que con cuatro grandes en el zurrón sigue en la lucha de un deporte que un día dijo querer abandonar –donde dije digo…-. Ahora quiere la quinta. Que ni a Froome ni compañía se les ocurra amargar. Tiene que ser perfecto. A Levi Leipheimer se le tachó de mal compañero por correr una Vuelta a tope hasta el final. Quijotesco en definitiva. Nunca vino tan bien aquello de “en el lugar equivocado, en el peor momento”.

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1 COMENTARIO

  1. Contador tiene una planta sobre la bicicleta, que para mi… me vais a permitir, sólo le superaba Jose Maria Jimenez (mi primera debilidad ciclista).Tiene demasiada rabia acumulada y se le nota a la hora de correr, de esta vuelta saldrá más "mitificado" de lo que está, haga lo que haga. Cuatro años que ganó su anterior vuelta, es mucho tiempo en la vida de una persona.En el cine se sule decir "que nunca segundas partes fueron buenas" ¡ojala me equivoque!… quiero equivocarme.

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