Rabobank se cansa de falsas promesas

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Rabobank para el ciclismo neerlandés es Dios. Con todas y cada una de las letras, y toda la contundencia que ello implica. El equipo naranja es semillero de los mejores ciclistas holandeses desde hace década y media aunque paradójicamente sus mejores éxitos le llegaron de grandes nombres foráneos: Denis Menchov, Oscar Freire y Michael Rasmussen, entre otros.

Fue cuando éste último cayó en desgracia durante el Tour de 2007 con una forzada expulsión, que vendieron voluntaria, que toda la estructura del ciclismo holandés tembló por culpa de un danés y sus no localizaciones, pues si Rabobank despoblaba su inversión ciclista, el entramado amenazaba ruina. Y es que además de la cabeza visible del equipo Rabobank es sustento de clubes y entidades “terrenales” vinculados al ciclismo.

La cultura de cultivar tus propias estrellas, hacerlas crecer y verlas triunfar es muy bonita y romántica. Pero lo cierto es que a los orange las calamidades se les acumulan en el staff histórico. Calamidades entendidas como ciclistas que prometen mucho, que muestran maneras, pero nunca explotan.

Tras madurar ciertas piernas privilegiadas proclaman “Talento a la cima”, es decir poner los cachorros a la proa de la nave. Aunque la nota en sí suene rimbombante no deja de ser imprecisa, pues significa reposar las esperanzas del equipo sobre Bauke Mollema, Robert Gesink, Lars Boom y Theo Bos, todos excelentes personas, buenos ciclistas pero no los más idóneos pilares sobre los que sostener un proyecto que mueve 15 millones de euros.

Quizá la salida de Erik Breukink, el más prometedor y menos efectivo talento tulipán, sea un primer paso para demostrar a sus ya no tan jóvenes cachorros que esta idea de impunidad que puede sobrevolar en equipos de tan marcada nacionalidad no es eterna.

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